martes, 6 de enero de 2026

naturaleza

Es una bendición pero también una condena, créanme, adaptarse a las circunstancias.

lunes, 5 de enero de 2026

noche de Reyes

A los cinco años, mi vecina Sonia, que tenía once, me dijo que los Reyes Magos no existían y que sabía dónde mi madre había guardado mis regalos. "En casa de la Ani" (la vecina más moderna del bloque, la primera divorciada que conocíamos en la vida, donde Sonia, cuyos padres trabajaban todo el día, pasaba mucho tiempo). Efectivamente, ahí, en el armario del pasillo de su casa, estaba lo que había pedido (y cosas que no y que pensé que eran para mí, pero en realidad eran los Reyes de mi prima Mercedes y los de mi vecino Iván). Corriendo, se lo dije a mi madre. "¿Quién te ha dicho eso?". "La Sonia". He pensado mucho en esto, porque lo que puede parecer chivatería no es tal –líbrenme los dioses–, sino un desgraciado afán que me ha perseguido siempre de presumir que la información viene a mí y que está en mi poder. No sé cuánto tiempo pasó; en mi recuerdo fue algo inmediato, pero está claro que hubo tiempo de hacer las llamadas oportunas y arreglar el asunto. "¿Y dónde dices que están los regalos? Enséñamelos", me dijo mi madre. Y allí que la llevé, al armario del pasillo de la casa de Ani. "A ver, ábrelo". Y lo abrí. Y allí no había nada. "¿Ves? Pues lo mismo al enterarse los Reyes de que los viste, ya no te los va a traer", o algo así me dijo, que me dejó un poco compungida.

Recuerdo hablar con mi madre sobre todo tipo de hipótesis: "¿Qué habrá pasado, mamá?". Ella: "Que imaginaste que lo viste pero no". Yo: "No, porque sí los vi. ¿Será que los Reyes se los llevaron a guardar a otro sitio para que no abriera los regalos antes de tiempo?". "Pues lo mismo sí". Y así, elegí seguir creyendo en los Reyes, aunque en mi fuero interno sabía que era verdad lo que habían visto mis ojos, sabía que Sonia tenía razón. Esto pasa durante toda la vida, no solo en la infancia.

Más que el día 6 –apertura de regalos, culminación del deseo, principio instantáneo del aburrimiento–, yo prefería el 5. Pasábamos la tarde en casa de mis abuelos, porque su balcón –un balcón bien grande tenían los pisos de la vieja fábrica de harina; mi abuelo tenía ahí su tallercito de carpintería– daba a la avenida Cristóbal Colón, por donde pasaba la cabalgata. A mí no me dejaban bajar, por si me pisaban, pero mi abuelo o mi padre atrapaban caramelos por mí. Comíamos roscón, al calor del brasero de la mesa camilla, y tomábamos colacao (siempre con grumos). Se hacía de noche temprano, pero todo era pura emoción. La calle olía a cohetes y a castañas asadas.

La última vez que visité el barrio, vi a unos chinos en ese balcón y de alguna manera me pareció lo más normal del mundo. Los migrantes han ganado espacio en aquel barrio medio gitano donde fui tan feliz.

Hoy nevó y el día 5 volvió a ser extraordinario.


 

viernes, 2 de enero de 2026

volver (y V)

No dan nada especial en los aviones durante el cambio de año y no es de extrañar. Si ya el momento en sí es una ficción –viviendo en México casi lo celebraba más a las cinco de la tarde que siete horas después–, en el aire se multiplica. Cuando avisó el capitán e hizo una insulsa cuenta atrás, ya no eran las doce en ese lugar por el que pasábamos. Quede de una vez y para siempre apartada la superstición de las uvas, fortalecida aquel 2003 en que recibí, sola y sin relojes, el nuevo año en una estación de tren de Chicago, un año en que acabé perdiendo a mis dos abuelos más queridos y mi amor de juventud.

 

Durante el vuelo leí la crónica de Vasili Grossman sobre Treblinka, que no conocía y me atrevo a apostar a que Claude Lanzmann tampoco. No sabía, por ejemplo, que hubo "transportes" a los campos de exterminio en trenes de lujo. Pensé en Sobibor y todo lo que aprendimos en Lublin de la mano de Tomasz Pietrasiewicz. De toda aquella muerte, honrada con sobriedad y precisión, en un lugar de belleza natural inaudita, por otra parte, me impresionó especialmente un broche de Mickey Mouse negro, borrado su color por el tiempo y quizá por el fuego. Siempre he dicho que mientras en Europa ascendían ideologías mortíferas, en Estados Unidos Walt Disney estrenaba Blancanieves, y que esa era suficiente medida para proclamar su superioridad frente a la nuestra. En fin, esas simplificaciones que se hacen, contundentes y limpias, que adornan bien. Ese broche hablaba de todo el horror en su complejidad. Un broche que perteneció a un niño –¿holandés? ¿o sabrían los polacos de Mickey Mouse?– que disfrutó con los mismos dibujitos que hacen disfrutar a los niños hasta el día de hoy. Disney entre las cenizas de los judíos europeos.

 

El tema ha estado muy presente estos días en México, donde vimos a amigos judíos. México, para mí, es también indisoluble de esa comunidad, que en España se desconoce o se ignora, cuando no se desprecia. No podemos entender –solo atisbar– el trauma que supuso para ellos el 7 de octubre y el regreso del antisemitismo de siempre con nuevos ropajes. Me impactó algo que dijo Gerardo, que él siente que el odio le hace reafirmar su identidad, ser en tanto ese odio milenario, y también algo que se desprende de una enemistad de la que cuenta Daniel –cuyos padres, mexicanos, se unieron como jóvenes soldados en la guerra del 48 y fundaron kibutz en el naciente Estado de Israel, y que, judío de ocho apellidos, no es proisraelí–: el antisemitismo se niega a juzgar al individuo. Y por tanto (digo yo) los hechos, tomados –dice Arcadi Espada que dice Paul Johnson– de uno en uno.

Aterrizamos, en fin, y al día siguiente, hoy, tembló. Lo único que me faltó para terminar de renegar. Me da igual que me digan que no superó los 6,5 grados: sé, por las imágenes, que no ha sido leve y que la gente lo ha pasado muy mal. Creo que sentir un terremoto es, quizá, una de las pocas experiencias que acrecientan el miedo con la repetición, y no al contrario. 

No podemos quejarnos del jet lag salvaje. Nada de nada comparado con los astronautas cuando vuelven del espacio, de lo que he aprendido muchísimo en Regreso a la Tierra. Por ejemplo, que solo han perdido la vida 11 de los casi 700 astronautas enviados al espacio hasta ahora, o que la reentrada a la atmósfera es un madrazo que ninguna película ha sabido reflejar cabalmente, o que volver en la Soyuz rusa es a los aparatos de la Nasa lo que viajar en tartana frente a un tren de alta velocidad.

Cuenta Al Worden: "Por varios días tuve que tener mucho cuidado al caminar y al agacharme por algo. Era más difícil aprender a ajustarse a la Tierra que al espacio –algo mentalmente relacionado con volver a casa. En el espacio era muy consciente de que estaba aprendiendo nuevas formas de moverme. Al regresar a la Tierra todo me era familiar, así que me relajé y no pensé mucho en ello. De manera inconsciente, empujaba una mesa para que se fuera flotando, o trataba de dejar un objeto colgando en el aire. Tuve que enseñarme de nuevo cómo vivir en la gravedad de la Tierra".

La metáfora es clara: no voy a poder saltarme las normas de tráfico en Madrid tan alegremente.


 


miércoles, 31 de diciembre de 2025

volver (IV)

Nunca conocí, por ejemplo, Chihuahua, ni Sonora, ni Sinaloa, ni Baja California Sur. Del norte, de hecho, solo conozco lo que recorrimos Alfonso y yo en nuestra ruta de Chicago a Guadalajara, que incluyó un soborno policial en Saltillo y el cruce por el desierto de Zacatecas. Era el año 2003, eso muy pronto dejó de poderse hacer pues el narco tomó todo. Me pregunto si podré ver todo eso que quedó en prórroga esperando a tener tiempo. Ya no me hace ilusión.

 

Recuerdo la algarabía que siempre sentía al caminar por el centro –avenida Juárez, iglesia de la Vera Cruz, Bellas Artes, Madero, el Sanborns de los azulejos, el zócalo, Donceles–,  la ciudad de los palacios, el corazón vibrante del país. Intento volver a esa alegría, revivirla, pero no lo consigo. "Es que que hayan ganado los malos", dice Ricardo. No es eso, le digo. Es una cuestión de piel. Ya no pertenezco aquí. 

De alguna extraña manera, empecé a entenderlo cuando visité la casa de Karen Blixen a las afueras de Nairobi, aquella primavera de 2019, la del aquelarre. Ella también vivió catorce años –ni uno más ni uno menos– en un país que hizo suyo pero que nunca lo fue del todo.

Digo todo esto sin dolor. Y con agradecimiento. El México que viví y en el que fui feliz lo llevo siempre conmigo, y puedo recuperarlo, aunque sea fugazmente, en la conversación con mis queridos amigos, con los que, sí, siempre me siento en casa. Tania, Gerardo, Eduardo, Cristina, Alberto, María, Luis, Emiliano, Brian, Jesús, Constanza, Marcos, Vivian, Gerardo, Mayte, Gabriel, Santiago, Daniel, Gastón, Julieta, Gerardo (¡sí, tres Gerardos!) y todos los Cayuela Gally. Pasaré el invierno que queda pensando en su calor.

 

La piedra tezontle –un día pirámide, al otro iglesia– nos recuerda que todo cambia y no es ni malo ni bueno, simplemente es.

viernes, 26 de diciembre de 2025

volver (III)

(1) Me encanta cómo se demuestran amor los mexicanos en la calle. Comerse la boca en público –en los parques, en las paradas de bus, en alguna esquina– no es cosa solo de adolescentes y abarca todas –todas– las edades. Junto a la cantidad de jóvenes y de hoteles de paso, es lo que muestra la envidiable vitalidad de este país. Mi piropo favorito también es mexicano: "buenos días". Así nada más. Pasa una mujer desconocida y uno le dice "buenos días". Insuperable elegancia.

(2) Salgo de casa para reactivar mi cuenta del BBVA, bloqueada por falta de uso, y sé que no va a ser una buena mañana. En Coyoacán me dicen que necesito doble identificación oficial, a pesar de que el correo dice claramente que con una es suficiente y que llevo mi licencia de manejo –porque aunque es permanente tiene más de diez años de expedición, no, pues sí. "No se preocupe, puede hacerlo en cualquier sucursal". Sí, Chucha. En la Condesa, ya pertrechada con mi FM –mi forma migratoria, en este caso residencia permanente–, me dicen que tengo que hacerlo en la sucursal de Coyoacán. Vengo de ahí, quiero hablar con un gerente. "Sí, claro, nomás que es una hora de espera". Alexis me recibe en una mesa, solícito, amabilísimo. Sí, no hay problema. Pero lo habrá. Lo habrá después, efectivamente, de una hora de espera. Al pedir la "autorización" para el desbloqueo, el interlocutor al otro lado del chat corporativo le dice que mi número de extranjero no coincide con el número que tiene registrada la Renapo (en realidad, EL Renapo: Registro Nacional de Población). ¿Pero eso qué más da, si las identificaciones son para que compruebe que soy yo? ¿Cómo puedo saber por qué en mi CURP hay otro número y de dónde viene? Ha verificado mis credenciales con una máquina de luz ultravioleta, le enseño además mi DNI español, mi carné de conducir de la DGT, me tiene delante. Soy yo. "Sí, señorita, yo le entiendo esa parte, pero tiene que preguntar en la Renapo el porqué no coinciden los números". ¿Hay alguna hoja de reclamaciones que pueda pedir? Porque ustedes, simplemente, me están robando mi cuenta, mi dinero. "Pues como tal no, señorita". ¿SE DAN CUENTA DEL ABSURDO EN EL QUE ESTAMOS METIDOS? QUIERO HABLAR CON SU SUPERIOR. Ah, pero ya Alexis y superior miran a la gachupina con ojos hieráticos, rostro quieto, ni una palabra más. Ya les decía el otro día: desaprendí los códigos.

 




(3)  Un secreter filipino de madera y marfil, decorado con el águila sobre el nopal devorando a una serpiente. Un biombo japonés con incrustaciones de nácar representando las batallas libradas por Alejandro Farnesio, sobrino de Carlos V. Papayas mexicanas en Singapur. Y todas esas cosas que recuerdan que México fue el centro de la primera globalización, el origen y el destino de esa ruta llamada de la Nao de China o del Galeón de Manila, en la exposición Somos Pacífico en el Colegio de San Ildefonso.


 

Pienso que todo lo que toca Eduardo Vázquez queda automáticamente elevado y noble, como con una capa de polvo de oro. Como el memorial de Octavio Paz, donde están sus cenizas y las de Marie-Jo Tramini. O esa fuente creada por Vicente Rojo, la primera obra de arte que entró en San Ildefonso después de los muralistas y, muy probablemente, la última. Eduardo mira el mundo desde la poesía y desde el amor, y desde ahí es muy raro equivocarse.


 

Ya en la cantina, donde todos lo saludan con cariño, nos recuerda esa frase cabal, atribuida en México al presidente Carranza: "¿Y ese por qué me odia, si no le he hecho ningún favor?".

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

volver (II)

 


(I) He desaprendido los códigos que nunca pensé desaprender, y por eso estoy atrapada en el río de Thiers sin entender cómo he llegado aquí. Hay muchas más motos que antes, lo cual añade un –digamos– estímulo adicional al tráfico. Nunca, nunca, hay que coger el coche una tarde de diciembre en la ciudad de México. Me preocupa no recordar las buenas rutas, esto era un camino cotidiano. ¿Cómo pude olvidar cómo se toma la lateral del Circuito para doblar a la izquierda en Juan Escutia? Ahora tendré que esperar a cruzar el puente y, tras liberarme del encajonamiento entre camiones y peseros, girar derecha-derecha-derecha para tomar el final de Constituyentes. No podemos engañarnos pensando que todo esto era más bonito. O que en algún momento lo será. Me encanta la frase que cuenta mi suegra que decía su madre, exiliada catalana, cuando le preguntaban si le gustaba México: "pregúntamelo cuando lo terminen". No creo que vuelva a vivir aquí nunca más, pero quién sabe.
 

(II) Mi amiga Tania pertenece a esa estirpe de personas para las que, sobre todas las cosas, está la vida. Es más que un obvio instinto de conservación, y no es tan frecuente verlo en los especímenes más inteligentes, como ella. Es una fuerza que la empuja a ser y estar con luz y amor, ¡a veces incluso contra su voluntad! La veo, bella y espléndida, delante de nuestros hijitos de Ladera Norte, y pienso que ser así es todo a lo que aspirar. La oscuridad de este año, injusto, triste, cruel, no ha vencido.
 
(III) En La Embajada Jarocha los muros se deshacen. La luz blanca de neón es fea pero honesta: todos los defectos quedan a la vista, no hay espacio para la doblez. En México hay dos cosas que los machos hacen como en ningún otro lugar: rezar y bailar. Cuando en una orquesta suenan los metales, el cuerpo salta en alerta, es una llamada antigua. En los ritmos de ida y vuelta está la felicidad. Los pies van a irse detrás del barquito de la cumbia. El baile nos salvará.
 
 

domingo, 14 de diciembre de 2025

volver (I)

- ¿Isma? No, aquí no es.

La respuesta del nuevo portero de nuestro viejo edificio me hizo sentir como Marty McFly en el 1985 alternativo que se crea después de que Biff Tannen robara el almanaque. ¿Es este el lugar que conocí? Acercándome al portal, ese 78 que se puso nuevo después del terremoto, suspiré. La vez anterior, me entró una llantina imprevista que tardó un buen rato en calmarse. Pero claro, me había encontrado con Isma, que además estaba con la familia por Navidad, mi querida Ana, su marido y sus hijos. "Ya está, aquí es donde me rompo", pensé hoy.

Hace dos años, hasta aquel momento todo iba bien. Pensé que había superado el dolor. Tantos amigos nos recibieron con los brazos abiertos, tanta belleza, tanto placer, tanta intensidad... Pero fue ir al portal de la que fue mi casa y todo se derrumbó. Era la segunda vez que regresaba a México desde que nos fuimos.

Volver –de visita, turista en un lugar que fue mío, y tan mío– ha sido como superar la ruptura de un gran amor. La primera vez no pude ni mirarlo a la cara. Era necesario volver la tristeza en enojo para poder continuar. Aterricé llorando y despegué de la misma manera. La segunda, ya digo, fue mejor. Hasta que fui a Parral. Una suerte, no sé, de polvo de la recaída. 

De ahí mi temor de pasear por el barrio esta la tercera vez. Pero ha sido muy distinto. No sé si era el pasmo de saber que nuestro querido Isma ya no trabaja ahí –¿dónde encontrarán a un hombre tan honesto, tan valioso para todo, como él?– , o que simplemente el tiempo curó, pero no he sentido nada.

El barrio está como siempre. Sigue siendo el mejor de la ciudad para vivir. Mis cafés favoritos existen aún, y es maravilloso pasear por los parques acompañado de la misma bebé a la que paseaba en carriola, ahora una mujer de dieciséis años. He disfrutado sin drama, sabiendo que mi casa ya no está aquí, que otros amores vendrán. 

Puedo mirar a la cara de la ciudad de México y alegrarme de aquella historia nuestra. Por fin podremos ser buenos amigos.


 

 

viernes, 17 de enero de 2025

entendimiento en la tristeza

Lo que podía parecer divertido en realidad no lo era. Como cuando te perdiste en la madrugada de Barcelona y escribiste desde un tren equivocado a Francia. O cuando alzaste la cabeza, arrebatado, en un anochecer infinito de Madrid: ¡el cielo, el cielo! O aquel viernes en que los tres –vaya tres– se excusaron desde la colonia Narvarte: no podía ser de otra manera, teníamos que recitar Muerte sin fin.

Lo que podía doler –solo ahora lo entiendo, tarde, perdóname– te dolía a ti antes que a nadie.

Lo más obvio no era la verdad profunda.

Lo que pasaba en realidad sucedía en otra dimensión que nunca pude concebir. Un día estará perfectamente claro. La ciencia acaba siempre explicando lo que la poesía sabe de antes.

Confieso que te rehuía. La luz tiene sus razones frente a los agujeros negros. Pero el agujero negro quizá sea el ojo que todo lo ve.


sábado, 25 de febrero de 2023

Andrés

Me da vergüenza no saber su apellido y no tener ninguna foto. Porque su nombre está unido a mis veranos desde antes de yo nacer. Creo que fue la primera persona a la que vi un tatuaje. Entonces los tatuajes eran todavía cosa de marineros o de presos. Y él era marinero, claro. Bueno, no se le decía así, sino "estar en la mar", en los barcos de pesca. Cuando se cansó de estar en la mar, aprovechó la oportunidad de que su padre, Sebastián, ya estaba casi ciego y no podía encargarse de la portería del tercer bloque, para ocupar el puesto. En él estuvo hasta finales de la primavera pasada, justo después de pintar, como cada año, la terraza del apartamento que es escenario de mi familia desde 1969. "Ahí ya estaba malo", me dice mi madre, con ese gusto inconsciente, tan suyo, por ese tipo de detalles.

Verano a verano, en él se materializaba ese lugar intacto que es Punta Umbría, porque por su cuerpo no pasaba el tiempo. Limpiaba, arreglaba, subía, bajaba. Nunca un no al pedirle un favor que saliera de sus funciones, siempre esa gracia –seria, irónica, natural– que se aprecia en los mejores especímenes de esa tierra.

Él conocía a la perfección nuestras vidas, nuestros amores y nuestras muertes, pero no al contrario. No quiso dar sus señas, así que no pudimos despedirnos. Hoy murió y quiero dejar constancia de cuánto lo queríamos.

lunes, 9 de agosto de 2021

no existe

© Gerardo Hellion, Guadalajara, 2017
 

Los periodistas suelen preferir el reportaje a otros géneros. Claro, haciéndolo (haciéndolo bien, me refiero, cosa cada vez más rara de ver) puede demostrarse la maestría del oficio en todos los frentes (relevancia, originalidad, complejidad, manejo de fuentes, estructura, estilo y todo eso). Tengo otra hipótesis: la ilusión de que yo –oh, sí, yo, no aquel ni el otro vecino– proporciono una explicación del mundo. Descubrir (o recibir, la mayor parte de las veces) un cabo, irlo amarrando a otros y ofrecer un relato redondo, como un pequeño dios. Contra ello ha arremetido siempre Arcadi Espada, pero es tan difícil ir contra una pulsión innata. El periodismo es (debería ser) la domesticación de ese humano primitivo: contra el relato cronológico (salvo excepciones), contra la ficción (no solo contra la mentira, sino contra la fábula y el mito, que dan sentido).

En fin. Todo esto para decir que yo prefiero la entrevista. Estudiar a otra persona a través de lo que ha dicho, lo que ha escrito, lo que ha pintado, conversar con ella, extraer de ese átomo un ancla con la realidad, un pequeño universo que aún no termina y que puede representar a muchos otros. Atar cabos, sí, pero al infinito. No existe el relato redondo, volvamos a constatar.


domingo, 21 de febrero de 2021

guardaba todo


 

Guardaba todo. Recuerdos de la Expo 92, recortes de periódico, papelería de Roma, de Grecia, de París, de Amsterdam, de Lieja, billetes de avión, de tren, de bus, a Huelva, a Sevilla, a Barcelona, servilletas, programas de teatro, entradas de cine, folletos de exposiciones, revistas, apuntes de clase, agendas, cuadernos con todo tipo de notas, mis primeros artículos...

 ¿Por qué guardabas todo esto?, pregunta mi hija. No le sé contestar bien (un papelón después de insistirle todos los días de su vida en que tire lo que no usa). Era una manera de conservar los "recuerdos", de decir: aquí ocurrió un gran día, que no se pierda en el tiempo.

Los viajes fuera de España no eran tan fáciles entonces (¡existían las liras, los dracmas, muchas más fronteras!). Había que ahorrar, vender camisetas, participaciones de lotería, recaudar fondos con obras de teatro. Ir al teatro o a un museo era una gran cosa, algo que ni mis padres ni mis abuelos podían hacer a mi edad. Y bueno, en los cines y en las cafeterías pasaban cosas (cosas que, en aquel entonces, solo tenían que ver con sonrisas y palabras).

Ahora está de moda tirar, pero estas chucherías han llegado hasta mí y algo me dicen hoy. Todo lo que guardé tiene que ver con tres cosas: la cultura, los viajes y la amistad (el amor). Pienso que no difiero tanto de aquella niña adolescente joven, que he trabajado duro pero sigo estando en el penúltimo peldaño de la cadena laboral y que, sin embargo, me sigue importando lo mismo: la cultura, los viajes, el amor. Algo quieren decirme estas chucherías y, por supuesto, no las voy a tirar.



domingo, 7 de febrero de 2021

otro cumpleaños


Ricardo cumple 52 encerrado en su cuarto con neumonía. Este fue mi regalo para los 50, en la última fiesta que se celebró en ese salón. Aquel mundo feliz no volverá, pero espero que vengan otros.

lunes, 1 de febrero de 2021

De Gilda a Misae



Hermana Misae, ve tranquila, que yo me encargaré de hacer todas las travesuras que hagan falta a Silvi y a Pepe cuando vengan a casa, ya sabes tú.

Ellos van a recordar siempre tus breves movimientos de sabana, la manera en que te tapabas la nariz para dormir sin frío, la mirada atenta, el baño de equilibrista, la belleza egipcia de tu asiento.

Nos veremos algún día. Esta es solo la primera vida de nueve.



domingo, 31 de enero de 2021

grandes éxitos del mundo exterior

Hace unos días vi en la red un hallazgo: referirse a las sobras como grandes éxitos de la semana. Eso comimos hoy. Trabajé, comí, vino mi madre, me duché lentamente, salí a tirar la basura. Domingo otra vez. Quiero volver a ver el atardecer desde el tempo de Poseidón de Cabo Sounion, el amanecer en el Sáhara, la lanza del Annapurna desde Pokhara, los budas ajados de Shuanglin y Zhenguo adonde no llegó la Revolución Cultural, Suzhou la Venecia de Oriente, los cedros rojos del bosque de Capilano, la Place des Vosges, un parque inglés, el brinco de un leopardo a una acacia amarilla del Serengueti, el mar verde de Calakmul, el azul oscuro de Barcelona. Grandes éxitos del mundo exterior.

Noche en el Serengueti, 2019

 

sábado, 30 de enero de 2021

un artículo de Cayuela

España en el espejo del exilio republicano. Ricardo Cayuela Gally en el El País, a raíz de la ofensa del vicepresidente Iglesias de comparar a los prófugos secesionistas catalanes con los transterrados.

 

viernes, 29 de enero de 2021

el único asunto que verdaderamente importa

Duele un poco, no como un dolor de parto ni la muerte de un padre, claro, la desconexión de algún amigo que consideramos eterno. No es que nos haya dejado de querer ni que no vaya a estar ahí si lo necesitamos –no hablo del desamor que supone la enemistad– pero si no sabemos del amigo, no tanto en sus grandezas y sus miserias, de las que siempre nos enteraremos, sino en la superficialidad del día a día, ¿quién nos puede asegurar que seguimos conociéndolo? No podemos saber si sigue siendo el mismo.

Por supuesto, todo esto está ya dicho en el mejor ensayo que se ha escrito sobre el asunto: "Es la comunicación lo que alimenta la amistad".

jueves, 28 de enero de 2021

una nueva biografía

Estoy leyendo una biografía reciente sobre Saint-Exupéry que no conocía. No sé si llegó a leerla mi querido Pedro, pero estoy casi segura de que le hubiera exasperado.

Poco a poco, ciega y laboriosamente, probando "hacer lo mejor", como lo dice en una de sus últimas cartas, se hizo a sí mismo y aprovechó coyunturas que, diferentes, habrían podido conducirlo a otro lugar, lejos de la literatura y de la aviación, pero que no habrían podido impedirle construir, con estos materiales improvisados, un destino prodigioso.

"Se hizo a sí mismo", "aprovechó coyunturas", "destino prodigioso". A mí Calíope, Urania y aun Euterpe, no me dejen nunca caer en semejante nivel de cháchara.

(No hay más remedio que darle una oportunidad. Quizá es la traducción.)

A usted no lo abandonaron nunca las musas, Saint-Ex

 


miércoles, 27 de enero de 2021

entre dos aguas

Muchas veces he hecho el ejercicio de retrotraerme a los momentos donde apareció México en mi infancia y juventud, de Cantinflas a Gabriel Zaid, para exclamar (ociosidad) ¡jamás te hubieras imaginado viviendo en México!

Tómese Por el bulevar de los sueños rotos, donde empecé a atisbar, a mis quince años, quién era Chavela Vargas. Si hubiera sabido entonces todo lo que sabría después (otra ociosidad pues la naturaleza no da alas a los alacranes), me habría extrañado que Sabina se refiriera a José Alfredo Jiménez como "un tal José Alfredo" y, sobre todo, que cantara "pasan de largo los terremotos". Unas palabritas tendríamos que haber tenido.

Por otra parte, cuántas otras veces, rumbo al norte por Patriotismo o al sur por Revolución, he sentido la necesidad urgente de escuchar desde "que no arranquen los coches" hasta "esta boca es mía", todo entero, el disco más fiel, por dentro y por fuera, a la ciudad de Madrid.


martes, 26 de enero de 2021

universidad

Por otra parte, cada uno juzga bien aquello que conoce, y de estas cosas es un buen juez; pues, en cada materia, juzga el bien instruido en ella, y de una manera absoluta, el instruido en todo. Así, cuando se trata de la política, el joven no es un discípulo apropiado, ya que no tiene experiencia de las acciones de la vida, y los razonamientos parten de ellas y versas sobre ellas; además, siendo dócil a sus pasiones, aprenderá en vano y sin provecho, puesto que el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción. Y poco importa si es joven en edad o de carácter juvenil; pues el defecto no radica en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión. Para tales personas, el conocimiento resulta inútil, como para los incontinentes; en cambio, para los que orientan sus afanes y acciones según la razón, el saber acerca de estas cosas será muy provechoso.

(Aristóteles, Ética Nicomáquea en la traducción de Gredos)

Tírense cuidadosamente a la papelera syllabus, cronogramas, unidades, subunidades, cartas descriptivas, objetivos específicos, competencias profesionales, actividades de aprendizaje, evidencias, y sustitúyanse por la lectura completa, profunda y gozosa de los clásicos grecolatinos. Que dejen en mis manos la universidad.

lunes, 25 de enero de 2021

ejercicios

Con sudadera y sin peinar, hago mis ejercicios. Dónde, dónde quedan letras como esta. Estrella de nácar, déjame ser buena.