Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de enero de 2021

cuento de hadas

No fue un buen día parental. È un mondo difficile. Pero uno de los niños dijo al final del día ver una peli juntos y la elección nos pareció perfecta. El mejor cuento de hadas que se ha rodado jamás, ¡y eso que empezó siendo una idea budista!

Nada como ver reír a la manada.

Phil & Phil, Groundhog Day (1993)


sábado, 16 de enero de 2021

Scorsese, Lebowitz, Nueva York, la edad de la inocencia

Nueva York ha tenido suerte de que exista Scorsese y haya explorado cómo contarla hasta el aburrimiento (literalmente).

No es el caso de Pretend It's a City (caso de aburrimiento, quiero decir). Para ello se ayuda, claro, del talento de otra gran narradora, Fran Lebowitz, pero incluso a ella él mismo la revivió para el mundo hace diez años (Public Speaking).

Aún no termino la serie, pero me está preocupando estar tan de acuerdo con Lebowitz en todo lo que dice, ¡incluyendo el #metoo! ¿Seré una lesbiana de setenta años que vive en Nueva York? Supongo que ya me habría dado cuenta.

Gracietas aparte, quisiera apuntar la impresión que me causó hace unas semanas volver a ver La edad de la inocencia, que no había visto desde que pedí prestado aquel número de Speak Up para inglés en BUP. No entendía entonces de dónde venía el beso apasionado entre Archer y Madame Olenska. Qué amor más inverosímil, pensaba, ¡qué estafa! Me faltaba vida, por supuesto. Ver los gestos, los planos, en los que la película lo resuelve me hizo feliz (narrativamente feliz, ojo). Casi, casi tanto como ese punto y coma con el que Guy de Maupassant resume la noche de bodas de George Duroy y Madeleine Forestier.


jueves, 14 de enero de 2021

pero como ya nadie lee

Dos cosas me estremecieron del documental sobre Francisco Umbral, Anatomía de un dandy: ver en movimiento a David Gistau, cuya muerte sentí cercana aunque nunca lo conocí en persona, y oír al pequeño Pincho, el hijo perdido de Mortal y rosa, jugando con su padre.

Para quien no conozca la figura de Umbral, la película es una buena manera de acercarse, es un resumen sustancial de su vida y obra. Sin embargo, quizá defraude a quien sí lo haya seguido, aunque fuera a ratos, como yo.

Todo lo que se cuenta ahí es sabido: la dolorosa muerte del hijo, la vida disoluta y hasta su verdadero nombre, que conocimos gracias a Manuel Jabois en esta crónica imprescindible.

El director, Charlie Arnaiz, accedió, sí, a cintas inéditas, pero que no aportan gran cosa a lo ya conocido. "Soy un cabrón, te lo advierto", dice al interlocutor. Como si en la memoria de cada español no estuviera, desgraciadamente, aquella escena vergonzosa que preludiaba la inminente telebasura ("Yo he venido aquí a hablar de mi libro"), en la que Umbral llevaba toda la razón.

Entrevista, claro, a María España, pero pierde la oportunidad de profundizar en la relación que mantenía el matrimonio, quizá intimidante, quizá mucho más inteligente de lo que cualquiera se atrevió a preguntar.

Entrevista, también, a su círculo de amigos y discípulos de casi todas las edades, algunos que lo acompañaron en las noches de Madrid. Pero ninguno, por ejemplo, dice siquiera (¿por qué debería ser vergonzoso en alguien libérrimo?) qué tipo de drogas tomaba.

Nada supera, dicho lo cual, la entrevista que le hizo una vez Lola Flores, incluida brevemente en el documental. "Yo psicológicamente me parece que lo entiendo muy bien", le decía La Faraona.

Nada supera, por supuesto, su propia obra. Pero como ya nadie lee, es normal que hagan películas cortas.


miércoles, 6 de enero de 2021

un, dos, tres

Es imposible que ahora se haga una película como One, two, three, porque si Billy Wilder es la némesis de estos tiempos, esa película, más.

No se puede hacer humor pidiendo permiso para no molestar a alguna cofradía y como esa comedia es irreverente con todas ellas, resulta una de las mejores de la historia.

Wilder siempre fue sutil y elegante y nunca trató al espectador como a un idiota. Y además, a pesar de haber perdido a tres cuartas partes de su familia en Auschwitz, entre ellos a su madre, jamás se consideró una víctima. Hoy quedaría cancelado de inmediato. Vaya, en un, dos, tres.


viernes, 5 de julio de 2013

Almodóvar y el humor sin escalas

Pedro Almodóvar vuelve a sus orígenes más elementales con Los amantes pasajeros. Eso significa que su cinta más reciente no contiene un ápice de la complejidad emocional de La piel que habito (2011) o Hable con ella (2002), que está muy lejos de la truculencia de Matador (1986) o La ley del deseo (1987), y que apenas exhibe medio gramo del melodrama de Carne trémula (1997) o La flor de mi secreto (1995). A cambio ofrece –sí, mucho, a raudales– la inverosimilitud, el sexo porque sí y el humor simple de aquellas memorables primeras películas suyas, como Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón (1980) –donde una Alaska ¡de 15 años! le obsequia una lluvia dorada a la masoquista interpretada por Eva Siva– o Entre tinieblas (1983), con esa madre superiora lesbiana y redentora de drogadictas, prostitutas y asesinas.
            Al avión de Los amantes pasajeros hay que subir sin mayores expectativas. La risa vendrá sin querer. En esta película coral, el avión también es protagonista. El escenario, como el mismo Madrid de lo que se llamó "la Movida" en la primera mitad de los ochenta, es casi un personaje más que cobra vida junto con las interpretaciones de Javier Cámara, Lola Dueñas, Willy Toledo, Cecilia Roth y José María Yazpik. Como siempre, Almodóvar, es maestro de actores.
            Y, como siempre también, es reconocible desde los créditos y hasta el último fotograma de cada una de sus cintas. El manchego –bueno, malo o regular– más que fiel a su estilo, se regocija en él, autocitándose y regresando a los mismos temas, irreverente y sin complejos. A continuación, presentamos una guía práctica de las piezas que dan vida a su particularísima voz, a eso que puede llamarse, sin empacho, "universo Almodóvar".

1 México
Chavela Vargas dejó escrito que Pedro Almodóvar fue su "único amor en la Tierra". Al director, en efecto, se debe gran parte de su resurrección: él estuvo presente en 1992 en aquel concierto en Madrid auspiciado por el editor Manuel Arroyo, luego de quince años perdida entre cantinas morelenses. Un año después, Chavela hacía su aparición estelar en Kika (1993). El avión de Los amantes pasajeros, que va de Madrid a la Ciudad de México, lleva el nombre de Chavela Blanca.
            Las rancheras, los boleros, los tangos y la música latinoamericana en general, también son piezas fundamentales en el cine de Almodóvar desde que, en pleno estallido punk en España, se le ocurriera terminar Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón con la voz de Monna Bell.
            Otro de los amantes pasajeros es el misterioso Infante –quien en la aeronave lee 2666, del chileno Roberto Bolaño–, interpretado por José María Yazpik, quien ya declaró que haber rodado esta película fue "toda una experiencia". No es el primer chico Almodóvar mexicano: antes lo fueron Gael García Bernal y Daniel Giménez Cacho en La mala educación (2004).

2 ¿Quién soy?
La identidad (sexual sobre todo, pero no sólo) es otro gran tema en el cine de Almodóvar, y alcanza su paroxismo en La piel que habito. Nunca faltará en ninguna película suya un personaje con dobleces ni, por supuesto, homosexuales orgullosos. En Los amantes pasajeros se solazan como nunca, al ritmo de las Pointer Sisters y "I'm So Excited", que además es el título comercial de la película en inglés.

3 Mujeres
No importa que sean madres, monjas, amantes desesperadas, prostitutas, lesbianas, adictas a los ansiolíticos, criminales o tías seniles en un pueblo de La Mancha: lo más auténtico y notable de Pedro Almodóvar siempre serán sus retratos de mujer. Fruto de este talento son sus joyas Qué he hecho yo para merecer esto (1984); Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), su primera película candidata a los premios de la Academia de Hollywood; Todo sobre mi madre (1999) y, sobre todo, Volver (2006).
            Para el director, el gran modelo fue su madre, Francisca Caballero, fallecida en 1999, a quien hacía aparecer fugazmente en sus películas. La clásica chica Almodóvar se parece mucho a esta mujer, esposa de un hombre autoritario, luchadora y chismosa que, proveniente de un mundo rural, se adapta a la urbe como mejor le dicta su intuición. Son las escenas protagonizadas por este tipo de mujeres lo que da verosimilitud al retrato de España que, pese a la caricatura y el estereotipo, acaba haciendo Almodóvar en sus películas. En este sentido, a un público ibérico no le chirría esa abuela de Qué he hecho yo para merecer esto, cuidada por un nieto dealer en el barrio obrero madrileño de Moratalaz, y no digamos la madre de Leo en La flor de mi secreto (1995). Ambas encarnadas por la misma actriz: la maravillosa Chus Lampreave.
            Las mujeres de Almodóvar se resumen en una frase del personaje de Cecilia Roth en Todo sobre mi madre: "¡Las mujeres somos gilipollas! Y un poco bolleras".

4 Explosión de color
Heredero confeso y flagrante del glam, y del John Waters de Pink Flamingos (1972), ni en sus obras más oscuras ha descuidado Pedro Almodóvar el brillo de los colores (recuérdese, por ejemplo, el labial de Elena Anaya en primer plano en La piel que habito). Su favorito es el rojo: el traje de Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios, los Chanel de Victoria Abril y los guantes de Marisa Paredes en Tacones lejanos (1992), y la blusa de Penélope Cruz mientras "canta" –en realidad la voz es de Estrella Morente– el tango "Volver". En su última película predomina el azul en todas sus variantes. Un azul que recuerda al que usaba la compañía Pan Am en los años cincuenta. Quizá porque en esa época, en los aviones todo era aún posible, como en Los amantes pasajeros.

Canto a sí mismo
El director español retoma una y otra vez estos elementos: 
- Los cameos de sus actores predilectos -y de su hermano, Agustín, con quien creó la casa productora El Deseo- son marca de la casa Almodóvar.  En este caso, eligió a Antonio Banderas y Penélope Cruz.
- Almodóvar adora feminizar nombres de varón para sus heroínas: Pepa en Mujeres al borde de un ataque de nervios, Manuela en Todo sobre mi madre, Raimunda en Volver y Bruna (Lola Dueñas) en esta última cinta.
- La región de la Mancha siempre tiene cabida de una u otra manera. Por ejemplo, el aeropuerto de Ciudad Real –nuevo y abandonado,  envuelto en un escándalo real de corrupción– es el escenario donde concluye Los amantes pasajeros.


(Publicado originalmente en Esquire México, núm. 58, julio de 2013.)