jueves, 30 de junio de 2005

Eñe, revista para leer

La Fábrica, responsable de proyectos exitosos como la revista Matador o Photoespaña, lanzó el pasado abril Eñe. Revista para leer, que ofrecerá cada trimestre textos de creación inéditos en torno a un mismo tema que serán ilustrados por un dibujante consolidado. Sus intenciones: recuperar el placer de la lectura y servir de puente entre España y Latinoamérica. Para darle la bienvenida a estas aguas procelosas, hablamos con su editor, Alberto Anaut, en la sede de la editorial.

¿Por qué había que aclarar que es una revista para leer?
Aparte de una pequeña provocación, quiere decir que esta revista tiene literatura, no que habla del mundo de la literatura.

Este es un proyecto acariciado por La Fábrica desde hace bastantes años. ¿Por qué habéis decidido sacarla precisamente ahora?
Teníamos Eñe en un cajón desde hacía ocho o nueve años. Lo que ocurría es que en aquel momento acabábamos de lanzar Matador, estábamos empezando otros proyectos como Photoespaña, y no teníamos ni calma ni fuerza ni talento para iniciar ningún otro más. En este momento, muchos de esos proyectos están asentados y con una buena perspectiva. Eñe tiene mucho que ver con Matador, son claramente de la misma casa. No ha cambiado el panorama, no hay una revista que ocupe claramente ese lugar y no nos hubiera gustado salir con algo que ya existe.

Pero las comparaciones son inevitables con Granta en español.
En el momento en que concebimos esta idea, Granta no existía en España, sólo en Inglaterra. Cuando estábamos trabajando ya en este proyecto, hace un año, vimos que salía aquí.

¿Pisados?
No, qué va, al contrario: sentimos que nos metíamos en un terreno de prestigio y no creímos que nos quitara el sitio. Creo que Eñe es más exquisita en la presentación, que nuestra apelación al mundo del arte es diferente a la de Granta. La cabeza en Londres no es la misma que la cabeza en Madrid y creo que podrán convivir siendo distintas. Desde luego no tenemos vocación de ir detrás de nadie. No somos recién llegados, sabemos hacer revistas. Estamos convencidos de que estamos en un proyecto de larguísima vida y así nos hemos embarcado en él.

¿En qué sentido se parece Eñe a Matador?
En el sentido de lo exquisito. Sus formatos no tienen nada que ver en apariencia, pero están exactamente igual de cuidados. El papel y la impresión de Matador se mantienen en Eñe con distinta personalidad pero con la misma seriedad. Y en los dos casos peleamos por textos inéditos y por autores de interés.

¿Qué tipo de lector buscan?
Una revista literaria es capaz de convocar a muchísimos lectores, muchos más que una revista volcada hacia el mundo del arte, y no queremos que Eñe sea minoritaria. Nuestra tirada es bastante ambiciosa quince mil ejemplares–, porque confiamos en el lector y queremos que la revista esté bien distribuida.

La Fábrica siempre se ha caracterizado por la unión bien avenida entre las nuevas tecnologías y la cultura. ¿Eñe se aparta de ese camino?
Las nuevas tecnologías son medios a nuestro alcance. La web de Eñe ha nacido con ella, pero una de las banderas será la parte física de la revista. Eñe es un producto que idolatra la forma, tiene que estar en la mano del lector, eso va vinculado al placer de la lectura...

¿Cómo enfocáis el puente con Latinoamérica que pretendéis tender?
Queremos que Eñe tenga la misma presencia en España y en Latinoamérica, y esto no quiere decir que se venda lo mismo, sino que tenga la misma capacidad de convocar opiniones. No es una cuestión de distribución, sino de lograr una posición de editores en otros países similar a la que podemos tener en España.

¿A qué te refieres?
Me refiero a que el lector no sólo busca textos, sino una cierta identificación con la revista, y ahora mismo no tenemos esas señas de identidad en Latinoamérica, allí somos unos extranjeros. Las queremos lograr de la mano de editores locales que sí las tengan y que lleguen a ser socios de un proyecto con La Fábrica. El sueño y el objetivo es estar presentes por lo menos en los principales países latinoamericanos siendo reconocidos como propios.

El número de verano de Eñe, dedicado a "La ciudad", saldrá a la venta el 21 de junio, estará ilustrado por Miguel Ángel Campano e incluirá textos de Juan Villoro, Alberto García-Alix y Jorge Edwards, entre otros. ~


(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 45, junio de 2005)

domingo, 31 de octubre de 2004

Streakers: el desnudo como protesta


Niegan ser exhibicionistas, pues no intentan provocar ningún tipo de respuesta sexual. Tampoco son nudistas, porque dicen que lo suyo no se ciñe a espacios delimitados ni es una forma de naturismo. Aparecen desnudos en acontecimientos multitudinarios, corren en medio de partidos de fútbol, saltan medidas de seguridad millonarias, se dejan atrapar por las autoridades, asumen querellas judiciales y reciben casi siempre golpes y fracturas. Son los cruzados simpáticos del puritanismo, se hacen llamar streakers ("corredores desnudos") y las agencias de publicidad ya han descubierto en ellos un filón. Sin embargo aseguran que no lo hacen por dinero, sino para divertir al público. El desempleado de Liverpool Mark Roberts, reconocido por el Libro Guiness como el más prolífico con 273 intervenciones en diez años, apela al humor universal más elemental con su declaración de principios: "La vida se está volviendo demasiado seria a estas alturas. Quiero recordarle a la gente que todavía podemos reírnos. Y no me importa de dónde seas. Cuando me veas sin ropa, te vas a reír".
            Roberts hizo noticia al exhibirse durante la trigésimo octava final de la Super Bowl, el acontecimiento televisado con más audiencia del mundo. Justo antes del comienzo del tercer tiempo, saltó al terreno de juego del Reliant Stadium en Houston. Llevaba sólo medio balón de fútbol a modo de taparrabos y anunciaba en su torso la página de un casino en Internet. En la espalda tenía escritas las palabras "Super Bowel" (súper intestino). El trasero de Roberts, sin embargo, quedó eclipsado ese día por el cubre pezón metálico que Janet Jackson enseñó a los noventa millones de espectadores norteamericanos de la CBS. El destete de la cantante fue lo que provocó la indignación de los más conservadores, que en cambio no se pronunciaron sobre la hazaña de Roberts de eludir unas medidas de seguridad antiterroristas de un millón seiscientos mil dólares. La gracia le costó al inglés, eso sí, una acusación por infracción criminal e intoxicación pública.
            ¿Qué lleva a una persona a poner en riesgo su vida a cambio de unas cuantas risas fáciles? ¿Qué es el streaking y de dónde procede? Los seguidores de esta práctica singular afirman con ironía ser herederos de una tradición que empieza con Adán y Eva, continúa con los juegos olímpicos de la antigua Grecia y llega hasta Lady Godiva, de quien se dice cabalgaba melena al viento como su madre la alumbró. Pero el verdadero origen está en los Estados Unidos, donde nació como desafío a la escrupulosidad protestante. Algunos estudiantes universitarios de Carolina del Sur pusieron de moda en 1974 celebrar todo tipo de actos retozando desnudos por los campus en nombre de la libertad sexual. La costumbre se extendió por universidades, eventos deportivos y hasta manifestaciones políticas. Lejos de ser un aire pasajero, el streaking engrosó sus filas y hazañas cada año, sobre todo en los países anglosajones. Entre los casos más famosos figuran Robert Opel, que apareció detrás del actor David Niven en la ceremonia de los Oscar de 1974, Melissa Johnson, que asaltó por primera vez el verde de Wimbledon en la final masculina de 1996, o Brynn Richard Reed, el intrépido que se paseó junto a la ventanilla del Rolls Royce de Isabel de Inglaterra durante la conmemoración de su jubileo. En todos los casos, la prensa relata las peripecias con guasa y benevolencia. De Reed, por ejemplo, Time Magazine llegó a decir que probablemente le había hecho a la reina el mejor regalo de todos: "La oportunidad de avergonzarse por alguien distinto a sus propios hijos".
            La connivencia popular es precisamente la mejor defensa de los streakers a la hora de solventar demandas judiciales. El inagotable Mark Roberts fue declarado inocente en el único juicio que ha enfrentado hasta ahora. Acusado de ocasionar perjuicio público por enseñarse en una competición atlética en Manchester, lo condenaron a pagar sólo una multa de cuatrocientas libras por falta de pruebas: en las imágenes no se veía al público enfadado, sino animando y aplaudiendo. Y este clamor masivo es también lo que excita a los espontáneos una vez desnudos y en el punto de mira: "Puedes tener el mejor sexo del mundo, puedes pasártelo como nunca con tus colegas o con tu novia, pero nada se acercará nunca a esa sensación. Después de todo, no te aclaman sesenta mil personas cuando estás haciendo el amor o bebiendo cerveza", recuerda Roberts de la primera vez que se mostró en un campo de fútbol, en Hong Kong, bastante borracho. Y es que el alcohol y la ilegalidad del acto, aseveran los psicólogos, es lo que provocan al streaker, además de una cuestión de poder: "Puedo hacer esto y nadie puede pararme".
            Por último, el dinero también entró en este juego exhibicionista, cuando las empresas publicitarias descubrieron que el streaking es una forma barata de difusión. Baste el ejemplo de Mark Roberts en la Super Bowl: los anunciantes ordinarios de la gala pagaron a la CBS una media de 2,25 millones de dólares por cada comercial de treinta segundos, mientras que el casino online que publicitó Roberts en la pancarta de su pecho imberbe, apenas los gastos de viaje y legales de la travesura. A pesar de todo, los streakers insisten en que no lo hacen por motivos pecuniarios. En una de las múltiples páginas que tienen en Internet, declaran solemnemente: "En un tiempo en que los medios nos enseñan a creer en la belleza perfecta del ser humano, el streaking es un recordatorio de lo que es normal para la mayoría de nosotros. Deja con un palmo de narices (u otros apéndices) a las leyes de comportamiento pasadas de moda en la más pura tradición anarquista de ostentar autoridad". ~

(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 37, octubre de 2004.)

miércoles, 30 de abril de 2003

La Gancho Divine

¿Qué se puede hacer contra la industria editorial en España, donde se producen más de 67 mil títulos al año pero la población que se confiesa no lectora supera el 47% y el presupuesto para Educación es cuatro veces menor que el de Defensa? Protestar y armar ruido, señalar y asestar algún golpe, eso es lo que promete un grupo de doce escritores, periodistas y críticos literarios de Barcelona que, con el nombre de La Gancho Divine, se dieron a conocer dos semanas después de la entrega del Planeta a Bryce Echenique.
            En su tarjeta de visita figuran un manifiesto de constitución y un premio sin dotación económica, el Órbitas, concedido a Francisco Casavella por Los juegos feroces. Recogen en su proclama, sin muchas concreciones, los propósitos de alumbrar buena literatura y pelear por acabar con la insalubridad del mercado, amén de dar algún bofetón a las editoriales que se porten mal. A pesar de su animadversión hacia los premios literarios, ellos mismos fundan otro. Desde el primer momento, dejan claro que lo suyo es más el guante de seda que la alpargata de esparto: "No queremos convertirnos en azote ni aburrir a la gente demandando, pero sí cada equis tiempo destacar aquellos detalles con los que no estamos muy de acuerdo", dice Milo Krmpotic', elegido portavoz del grupo.
            Álvaro Colomer, uno de los padres del clan, explica que el Órbitas nace más bien como excusa para lanzar el manifiesto, que recoge una serie de descontentos que nadie se atreve a denunciar dentro del mundillo. Esas quejas tienen su mecha en las medidas tomadas por las empresas a raíz de la crisis que padece el sector, empezando por los despidos masivos, pasando por la reducción del tanto por ciento de los derechos de autor en ediciones de bolsillo y finiquitando con la descatalogación sistemática de títulos. Según explica Colomer, a partir de la última Feria del Libro de Berlín se ha tomado conciencia de que el mercado está saturado, pero los intereses comerciales pesan más que los literarios a la hora de dejar un título en la estantería: "¿Por qué un libro de calidad en una librería no supera los cuatro meses, cuando la vida de libros de calidad ínfima está durando mucho más?", protesta Colomer.
            La reacción del medio editorial al proyecto ha sido dispar, desde el enojo de Planeta por ser mentado en la declaración de principios hasta la curiosidad del resto, que ven La Gancho como un experimento gracioso: "En privado te dicen 'Hostias, muy bien' y en público no pueden mojarse porque están cobrando", cuenta Krmpotic'. Ellos mismos han dejado el manifiesto en abstracto y casi sin nombres para no enfrentarse de lleno a los grandes. No en vano, casi todos trabajan dentro del sistema contra el que dirigen sus quejas.
            ¿Pero dónde está el cabo de la madeja de la crisis en el sector? Colomer no acusaría nunca al público y sí a la vorágine de contratar libros constantemente y sin ningún criterio, que provoca en el lector el despiste de no saber qué leer. Difícil ven, pues, atajar los problemas, y pobres se quedan las palabras para tal empresa.
            Por eso La Gancho quiere demostrar que no es sólo una octavilla de papel, y está poniendo en marcha una iniciativa para rescatar aquellos libros que se guillotinan antes de tiempo. El proyecto salió de la cabeza de la escritora y periodista Magda Bandera, harta de que se publique bazofia en detrimento de autores menos conocidos o minoritarios, fulminados del catálogo sin haber sido promocionados adecuadamente. Uno de los motivos de la falta de publicidad se encuentra precisamente en las reducciones de personal contra las que se rebela la asociación: "En los departamentos de prensa, como Mondadori-Random House, hay una persona que lleva cinco o seis editoriales, con lo cual a ese libro ni siquiera se le da una oportunidad." Por eso, se le ocurrió montar la web rescatalogados.com, una especie de librería virtual destinada a recuperar aquellos títulos que se mandan a la hoguera. Explica la escritora que la idea es montar la gestión por cuenta propia; cada autor asumiría cierto número de ejemplares de su obra cuando saliera a saldo y los pondría sin ningún coste inicial a disposición de la web. Como se ahorran el proceso de distribución, los títulos saldrían a un precio inferior al marcado por la editorial y, una vez vendidos, el 50% iría para el escritor y el resto para el mantenimiento del sistema.
            Bandera asegura que la lista de espera para participar en Rescatalogados era enorme antes incluso de poner el marcha la página en Internet, pero conserva los pies en la tierra: "Esto no nos va a dar dinero, simplemente es, por un lado, una protesta, y por otro mantener el libro en coma, por si algún autor lo quisiera recuperar en el futuro."
            ¿El gancho será eficaz, entonces? Por lo pronto, aunque en círculos especializados se les ha oído nombrar, el público en general sigue sin saber qué huele a podrido en la industria editorial. Magda Bandera, sin embargo, es optimista: "Cuando se vea que hacemos cosas prácticas, a lo mejor sí nos respetan más." ~

(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 19, abril de 2003)

sábado, 30 de noviembre de 2002

Ensayo de democracia

Fundada por el novelista y cineasta Jesús Díaz y por la diplomática Annabelle Rodríguez, la revista Encuentro de la Cultura Cubana cumple seis años de acercar a los cubanos del exilio y de la isla en un mismo espacio editorial, en una suerte de ensayo de la democracia cubana. Para hablarnos de este proyecto fundamental y del legado que dejó el fallecido Jesús Díaz nos dirigimos a la sede de la revista, en Madrid, y conversamos con la propia Anabelle y el nuevo jefe de redacción, el novelista cubano Luis Manuel García.

¿Cuáles fueron los objetivos iniciales de Encuentro?
Annabelle Rodríguez: El objetivo principal de la revista era publicar trabajos de autores cubanos que viven dentro de la isla, fueran cuales fueran sus ideas, y de autores que viven en la diáspora. Esto se ha conseguido. Hubo una especie de veto oficial por parte del régimen. Sin embargo, no ha habido un solo número de la revista que no haya contado con una amplia participación de escritores de dentro de la isla. La segunda meta era que la revista se leyera dentro de Cuba, y lo estamos consiguiendo. De cada tirada trimestral estamos reservando mil quinientos ejemplares para el interior de la isla. Las revistas entran por vías no oficiales: amigos que viajan allá, valijas diplomáticas de distintas embajadas, viajeros que pasan por Madrid... La revista no sólo llega y circula por toda la isla, sino que algunos lectores sacan copias de artículos y los reparten. Además, se está vendiendo en kioscos "alternativos" de La Habana, en donde se venden libros de todos los escritores "prohibidos", como Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Jesús Díaz...
Luis Manuel García: Encuentro ha tenido una importancia muy particular, que explica la ferocidad con que el gobierno cubano la ha atacado. A partir de la Revolución, en Cuba hubo una polarización muy feroz de las posiciones políticas. Se extirpó todo tipo de oposición política legal, se estandarizaron completamente todos los medios de comunicación y se pusieron al servicio de una sola voz. A partir de este momento, el exilio creó una serie de publicaciones en las que la crítica al gobierno ha sido maniquea en el sentido contrario, quizá como una respuesta lógica. Encuentro es la primera revista que busca un espacio de diálogo. Esto es lo que más daño está haciendo al gobierno cubano.
AR: Para nosotros, quienes están dentro de Cuba, incluso los que están en el gobierno, son tan respetables como cualquiera. No son nuestros enemigos, sino que discrepamos de lo que se hace en Cuba y lo expresamos así. Queremos una Cuba sin exclusiones de ningún tipo. La revista la vemos como un ensayo de democracia, una preparación para el futuro, un sitio en donde los cubanos aprendan a discutir sin considerarse enemigos.

¿Qué acogida ha tenido Encuentro en España?
AR: Hemos tenido muchísimo apoyo. De hecho, Encuentro surge gracias a una subvención de la Agencia Española de Cooperación Internacional bajo el gobierno de Felipe González, que ha sido uno de nuestros principales valedores. Todas las instituciones españolas nos han acogido, y los autores españoles han sido también una presencia constante.

¿Qué es cubaencuentro.com?
LMG: Es un periódico digital que se renueva diariamente. Tiene artículos de fondo y un pack de noticias sobre Cuba o temas relacionados con Cuba que se extraen tanto de la prensa cubana como de toda la prensa internacional. Hay artículos de colaboradores de todo el mundo, de los que un 50% vienen de dentro de Cuba. Además tenemos un foro donde participa gente de todas partes y un chat que se abre cada noche en un horario que permite que entren personas de Europa y de América.

¿Cómo se financia este periódico?
AR: Hemos tenido mucha comprensión por parte de distintos organismos. Ya te hablé de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Además, hemos recibido ayudas de instituciones como el Partido Socialdemócrata sueco, la Fundación Olof Palme, la Fundación Pablo Iglesias, la Junta de Andalucía, la Dirección General del Libro del Ministerio de Educación y Cultura y otras que no tienen signo político, como las fundaciones ICO y Caja Madrid. Luego han entrado algunos patrocinadores del extranjero, como el National Endowment for Democracy y la Fundación Ford. La Unión Europea nos aprobó un donativo de quinientos mil euros para dos años. De lo que se trata es de crear un gran foro en el que cubanos del mundo entero se comuniquen. Ya en este momento hay una interacción muy interesante entre arquitectos que están trabajando en la recuperación del casco histórico de La Habana y arquitectos que están en Miami.
LMG: En Cuba ha habido un éxodo de dos millones de personas. La sangría de personal cualificado es impresionante. Son gente que se ha reinsertado en los países de acogida y que tiene enorme interés en interactuar con colegas de la isla. No pueden, porque Internet en Cuba está limitado a muy poca población y las tarifas telefónicas son de las más altas del mundo. Así, el cubano se ve desgajado de su ambiente intelectual natural. Nosotros queremos recomponer ese tejido intelectual. Es como la Cuba posible, pero virtual.

Supongo que tienen en mente que esa Cuba virtual dentro de unos años influirá en la Cuba real...
AR: Sí. La idea de la Asociación Encuentro es mudarse a Cuba el día que existan las libertades fundamentales, y hacer un periódico de papel, la revista mensual y, además, crear un instituto para estudios de posgrado.

¿Qué papel tuvo Jesús Díaz en la creación de este proyecto?
AR: Él llegó a Madrid con la ilusión de hacer esta revista, y llegó como un torrente. Fue quien tuvo esa idea, quien batalló por llevarla a cabo, quien durante seis años estuvo trabajando de manera casi obsesiva por que la revista cumpliera con estos parámetros. Le rendimos un homenaje en el próximo número, porque falleció en mayo de este año, dejando el proyecto muy encaminado, y gracias a eso vamos a poder continuarlo. Para sorpresa nuestra, que al principio habíamos pensado publicar cinco o seis ensayos sobre él, de pronto empezaron a llovernos colaboraciones de personalidades como Jorge Castañeda, Regis Debray, Felipe González, escritores cubanos como Rolando Díaz, Antonio Benítez Rojo, personalidades del interior de la isla... ~

(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 14, noviembre de 2002)