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miércoles, 30 de abril de 2003

La Gancho Divine

¿Qué se puede hacer contra la industria editorial en España, donde se producen más de 67 mil títulos al año pero la población que se confiesa no lectora supera el 47% y el presupuesto para Educación es cuatro veces menor que el de Defensa? Protestar y armar ruido, señalar y asestar algún golpe, eso es lo que promete un grupo de doce escritores, periodistas y críticos literarios de Barcelona que, con el nombre de La Gancho Divine, se dieron a conocer dos semanas después de la entrega del Planeta a Bryce Echenique.
            En su tarjeta de visita figuran un manifiesto de constitución y un premio sin dotación económica, el Órbitas, concedido a Francisco Casavella por Los juegos feroces. Recogen en su proclama, sin muchas concreciones, los propósitos de alumbrar buena literatura y pelear por acabar con la insalubridad del mercado, amén de dar algún bofetón a las editoriales que se porten mal. A pesar de su animadversión hacia los premios literarios, ellos mismos fundan otro. Desde el primer momento, dejan claro que lo suyo es más el guante de seda que la alpargata de esparto: "No queremos convertirnos en azote ni aburrir a la gente demandando, pero sí cada equis tiempo destacar aquellos detalles con los que no estamos muy de acuerdo", dice Milo Krmpotic', elegido portavoz del grupo.
            Álvaro Colomer, uno de los padres del clan, explica que el Órbitas nace más bien como excusa para lanzar el manifiesto, que recoge una serie de descontentos que nadie se atreve a denunciar dentro del mundillo. Esas quejas tienen su mecha en las medidas tomadas por las empresas a raíz de la crisis que padece el sector, empezando por los despidos masivos, pasando por la reducción del tanto por ciento de los derechos de autor en ediciones de bolsillo y finiquitando con la descatalogación sistemática de títulos. Según explica Colomer, a partir de la última Feria del Libro de Berlín se ha tomado conciencia de que el mercado está saturado, pero los intereses comerciales pesan más que los literarios a la hora de dejar un título en la estantería: "¿Por qué un libro de calidad en una librería no supera los cuatro meses, cuando la vida de libros de calidad ínfima está durando mucho más?", protesta Colomer.
            La reacción del medio editorial al proyecto ha sido dispar, desde el enojo de Planeta por ser mentado en la declaración de principios hasta la curiosidad del resto, que ven La Gancho como un experimento gracioso: "En privado te dicen 'Hostias, muy bien' y en público no pueden mojarse porque están cobrando", cuenta Krmpotic'. Ellos mismos han dejado el manifiesto en abstracto y casi sin nombres para no enfrentarse de lleno a los grandes. No en vano, casi todos trabajan dentro del sistema contra el que dirigen sus quejas.
            ¿Pero dónde está el cabo de la madeja de la crisis en el sector? Colomer no acusaría nunca al público y sí a la vorágine de contratar libros constantemente y sin ningún criterio, que provoca en el lector el despiste de no saber qué leer. Difícil ven, pues, atajar los problemas, y pobres se quedan las palabras para tal empresa.
            Por eso La Gancho quiere demostrar que no es sólo una octavilla de papel, y está poniendo en marcha una iniciativa para rescatar aquellos libros que se guillotinan antes de tiempo. El proyecto salió de la cabeza de la escritora y periodista Magda Bandera, harta de que se publique bazofia en detrimento de autores menos conocidos o minoritarios, fulminados del catálogo sin haber sido promocionados adecuadamente. Uno de los motivos de la falta de publicidad se encuentra precisamente en las reducciones de personal contra las que se rebela la asociación: "En los departamentos de prensa, como Mondadori-Random House, hay una persona que lleva cinco o seis editoriales, con lo cual a ese libro ni siquiera se le da una oportunidad." Por eso, se le ocurrió montar la web rescatalogados.com, una especie de librería virtual destinada a recuperar aquellos títulos que se mandan a la hoguera. Explica la escritora que la idea es montar la gestión por cuenta propia; cada autor asumiría cierto número de ejemplares de su obra cuando saliera a saldo y los pondría sin ningún coste inicial a disposición de la web. Como se ahorran el proceso de distribución, los títulos saldrían a un precio inferior al marcado por la editorial y, una vez vendidos, el 50% iría para el escritor y el resto para el mantenimiento del sistema.
            Bandera asegura que la lista de espera para participar en Rescatalogados era enorme antes incluso de poner el marcha la página en Internet, pero conserva los pies en la tierra: "Esto no nos va a dar dinero, simplemente es, por un lado, una protesta, y por otro mantener el libro en coma, por si algún autor lo quisiera recuperar en el futuro."
            ¿El gancho será eficaz, entonces? Por lo pronto, aunque en círculos especializados se les ha oído nombrar, el público en general sigue sin saber qué huele a podrido en la industria editorial. Magda Bandera, sin embargo, es optimista: "Cuando se vea que hacemos cosas prácticas, a lo mejor sí nos respetan más." ~

(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 19, abril de 2003)

domingo, 30 de junio de 2002

Epitafio para Cinc d'Oros

"No pedimos ser eternos, sino sólo no ver cómo los actos y las cosas pierden sentido bruscamente", escribió el Saint-Exupéry de Vol de nuit. Y los libros nos dan sentido. Eso es lo que diferencia una tienda que se dedica a comerciar con ellos de otra que vende caramelos. Por eso preocupa que en un mismo mes y en la misma ciudad cierren dos librerías de reconocido prestigio. Hace poco cerró Cinc d'Oros, del matrimonio Carmen Aizpitarte-Jaume Farràs, que fue referente cultural del antifranquismo y vivió lo que Jesucristo, 33 años y algún calvario. Por las mismas fechas se despidió la Librería Francesa, fundada por los hermanos Piaget en 1845. Una se pregunta el porqué de este doble entierro, y si es casualidad o no, y se acerca a Barcelona a dilucidar motivos.
            "No hay ninguna situación de crisis en las librerías de Barcelona". Eladio Gutiérrez, del Gremi de Llibreters de Barcelona y Catalunya, comienza por tranquilizar al observador preocupado. Dice que ambos comercios estaban aquejados de los mismos males que cualquier establecimiento "de este tipo" en una ciudad grande. Situados en el centro y en locales de alquiler que comenzaron costando menos de treinta mil pesetas, estos sitios valen hoy lo insostenible. "La voracidad de las inmobiliarias es lo que acaba con estos negocios". Cuestión de dinero, principal y previsible razón de estos cierres.
            ¿Por qué piden los propietarios cantidades exorbitantes? Porque una norma legal, aprobada por el gobierno estatal, lo permite. Carmen Aizpitarte, fundadora de Cinc d'Oros, especifica qué les ha afectado más como empresa familiar: la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 1994. A partir de su entrada en vigor, pasaron meteóricamente de pagar trescientas mil pesetas a casi setecientas mil por los 192 metros cuadrados de su local en la Diagonal. No obstante, las circunstancias de la Francesa no son las mismas que las de Cinc d'Oros: ninguna inmobiliaria está involucrada en la situación de la familia, que cierra su Librería Francesa a cambio de un acuerdo económico con Bami, la compradora del 91 del Paseo de Gracia. Mientras los dueños de Cinc d'Oros ponen fin a su gestión como libreros, la SGEL abre un espacio grande en otro emplazamiento céntrico, un lugar parecido a un bazar de aeropuerto, "donde tratan mucho la novedad, nada la especialización, porque la especialización es cara", me cuentan. La novedad, por propia definición, debe de incluir más premios Cervantes que a Cervantes mismo, que es todo menos nuevo. Los transmisores universales de la herencia intelectual suelen salir malparados de los anaqueles en estas nuevas "tiendas de libros con objetos".
            Carmen Aizpitarte habla de los establecimientos que expenden volúmenes al por mayor: "Yo he hecho la prueba de ir a buscar a estos grandes almacenes algo que no teníamos nosotros y nunca he tenido suerte. Porque el vendedor no está de espía del libro, sino para vender. No tiene la intuición de los libreros viejos". A grandes superficies, grandes ausencias. Así pues, no es asunto sólo de un puñado de euros y de una ley dañina. Carmen también opina que estos espacios han modificado los hábitos de compra del lector, que ya no es el mismo que intentaba hacerse a toda costa con obras de filósofos proscritos allá por los setenta. La sociedad ha cambiado, otro pilar del edificio de las culpas.
            ¿Quizá Cinc d'Oros tiró la toalla? Carmen confiesa: "Que no hemos sido lo suficientemente espabilados es algo que también pienso." Y menciona como ejemplo de espabilamiento la Librería Laie, que, repartida por Barcelona en cinco establecimientos, es elogiada por los que la conocen. De su parte, Luis Morral explica las claves para hacer frente al mercado: la especialización y los servicios alternativos. "El problema de la Francesa y de Cinc d'Oros es que eran generales, y hoy en día una librería general no puede competir con Fnac, El Corte Inglés o la Casa del Libro." Abierta hace más de veinte años, los socios fueron reorganizando su estrategia a medida que los tiempos mudaban, centrándose en el área de humanidades y, sobre todo, en ediciones extranjeras. Ahora, Laie cuenta con una librería-café en Pau Claris, cuatro locales más que combinan la venta de libros con la de artículos varios y una página Web desde donde consultar sus fondos. Morral confirma que les va muy bien a pesar de que el negocio librero es "poco rentable". "Has de buscar salida, ofrecer recursos alternativos, diversificar la oferta." Libros, café y otras mercancías. Tretas para hacer atractiva la compra de soportes de la cultura.
            Recuerdo el ánimo tranquilizador de Eladio Gutiérrez: "Mira, el lector de libros compra sus libros en las librerías y el lector de bestsellers va a los grandes almacenes", con lo cual quería decir que la cosa no es tan preocupante. Pero es imposible la calma. Las librerías son cada día menos y los bestsellers, cada día más. ~


(Texto publicado originalmente en la edición española de Letras Libres, núm. 9, junio de 2002.)