miércoles, 20 de abril de 2011

el misterio del plumero

Había desaparecido también el plumero. La última vez que lo vi fue sobre una estantería en la biblioteca, hará un par de meses. Era algo habitual: ella nunca lo guardaba en su sitio. Noté que cada vez lo usaba menos, aunque era muy útil para quitar el polvo de tantos libros, y el lunes que se fue, que le pedí limpiar las persianas del salón, me extrañó que ni siquiera lo cogiera. Entonces yo no sabía que se iba, y que ya había dejado los recortes de periódico en lugar de los billetes. Tardé aún dos días.

Ayer encontré el plumero, en el armario del lavadero, casi en el suelo, detrás de cacharros varios. Le había cortado las plumas hasta el palo. Una visión macabra. Una metáfora de la podedumbre de un país donde la primera intención no es –no puede ser– ir a la policía.

Pero todo esto son fantasías. No hay ninguna razón lógica para que destrozara el plumero. Otra pregunta que no podremos responder nunca.

No hay comentarios: