martes, 24 de diciembre de 2013

de los niños y la navidad



Los niños nos hacen recuperar el gusto por la navidad, aunque cada año seamos menos. Nunca, nunca les induciré a pensar que son unas fiestas tristes. Celebraremos y nos pondremos guapos y nos regalaremos el mundo.

Felices fiestas.

domingo, 17 de noviembre de 2013

lo mas difícil es despegar

Más indeciso que nunca, visitó a su amigo Gaston Gallimard, que se había refugiado con su familia cerca de Carcassonne. Le entregó una copia de su último manuscrito. Éste comportaba ya varios cientos de páginas, pero el editor sabía que se trataba de un mineral en bruto de donde saldría, al fin de interminables pulidos, una prosa brillante y pura como el diamante. Saint-Exupéry había ideado un método de composición muy original. En lugar de retomar el mismo pasaje tal como lo había escrito inicialmente, prefería redactar una serie de textos paralelos, en los que intentaba expresar la misma idea, o contar el mismo episodio, de tantas maneras diferentes como fuera posible.
[...]
Antes de dejarlo, Robert Van Gelder pudo ver algunas páginas manuscritas cubiertas de finas líneas de escritura, la mayor parte de las cuales estaba cuidadosamente tachada, al punto que sobrevivía una palabra de cada cien, una frase de cada página. ¿Un primer esbozo? No, de ninguna manera; era el tercero ya, o quizás el cuarto. Representaba mucho trabajo. El entrevistador debía creerlo. "Trabajo largas horas con mucha concentración", explicó Saint-Ex. Y eso, siempre que hubiera tomado impulso. Pues, agregó con una sonrisa desarmante, "lo más difícil es despegar".

Curtis Cate, Saint-Exupéry (Emecé, 2000) 
 

viernes, 1 de noviembre de 2013

consejo

Cuando tengan que acudir a la cama de un moribundo, no huyan. Sosténganle firme la mano, acaricien sus mejillas, cántenle boleros al oído. Díganle cuánto lo quieren, cuánto lo han querido, cuánto lo querrán. Enumérenle todo lo que de él han aprendido y prométanle que a alguien se lo enseñarán. Díganle nos vemos aquí, aquí dentro, por siempre, hasta que nos toque.

No se puede celebrar la vida si no se despide uno bien de los muertos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

pasaportes


En Viajeros por la América Latina colonial, de Irving A. Leonard (FCE, 1992): 

Para obtener pasaje en las flotas, cada viajero, incluso los miembros del clero, debían procurarse una licencia correspondiente a un pasaporte y presentar sus credenciales en la Casa de Contratación, concernientes a su estado legar y civil. La licencia concedida era válida sólo por dos años, durante los cuales se esperaba que su poseedor viajara en la primera flota que pudiese alcanzar. Quienes carecían de este permiso tenían que entregar todas sus posesiones a la Corona: una quinta parte era para la persona y personas que hubiesen informado de la violación. Únicamente los oficiales, marinos y otros miembros de la tripulación quedaban exentos de la obligación de poseer una licencia; empero, si se prestaban a la evasión de la ley ayudando a viajeros no autorizados, también ellos incurrían en delitos plenos. Los pasajeros debían residir en la región de las colonias indicada en la solicitud; los que iban rumbo a Filipinas pasando por la Nueva España no podían permanecer aquí y, hasta donde fuera posible, debían negarse pasaportes a los súbditos españoles que, viviendo en aquel lejano archipiélago, quisiesen abandonar las islas. Este decreto era, evidentemente, un esfuerzo por estabilizar a la población europea en aquel remoto ámbito protegiendo así la precaria posesión de España.

Ahora ve y cruza el océano.

miércoles, 28 de agosto de 2013

solo un cuento




Yo solo he escrito un cuento en la vida. Se lo enseñé a dos maestros y lo elogiaron, se lo enseñé a un amante y me lo comentó con guasa en la cama de un ¿hotel? y jamás volví a escribir un cuento.

sábado, 6 de julio de 2013

a mi hermana



Elena, mi hermana, cumple hoy 30 años. Mucho o poco según se mire. Siempre fue poco para mí, que le llevo cinco. Visto en cambio desde el vértigo de las dos cirugías a cráneo abierto que lleva, es mucho. Un feliz mucho.

A Elena le diagnosticaron un tumor cerebral hace año y medio. Para su cáncer –sí, así se llama, y no, los apellidos no mejoran la eufonía: glioblastoma multiforme–, salió hace pocas semanas una buena noticia, y desde luego es reconfortante saber que uno de los oncólogos que la trata está en ese equipo de investigadores. Más allá de eso, confinado por ahora al privilegio de las placas de petri, sigue limpia. Y cada cuarenta y cinco días, que le han ido dando noticia, he compartido su alegría nerviosa, alejado una vez más (¿cuántas veces más?, ¿para siempre?) el espantajo de la recaída.

A nuestra edad, cinco años no son nada, pero a los cinco años parece toda una vida. Así que se puede decir que crecí siendo hija única. No tuve síndrome del príncipe destronado porque a efectos prácticos fui la princesa toda mi vida. Obsérvese la foto: a pesar de ser la mayor, dos manos me sostienen. Puede ser casualidad. Puede que me estuviera cayendo mientras hacía el payaso al soplar las velas, pero no deja de ser llamativo; una de esas metáforas que creamos a posteriori: "mi número uno", me llamó toda su vida mi padre.

Durante mucho tiempo, pensé que Elena no me podría enseñar nada: vivía en la estúpida concepción de que los años dan entendimiento. Creo que ella sabía lo que yo pensaba y eso le hacía sufrir. No sé si lo seguirá pensando. Hoy quiero decirle que no es cierto (y se lo digo aquí fuera, ay: bien sabe lo que me cuesta desnudarme, a mí, que tan poco me cuesta quitarme la ropa). Que lo que ella me enseña, sobre todo, pero no sólo, desde aquel 9 de febrero tan largo hasta hoy, pasando por cada una de las sesiones de radio y quimio que ha aguantado y aguanta, es más, mucho más de lo que yo le podré enseñar nunca. Y que espero que siga siendo así hasta el fin de mis días. Los míos, que por algo soy la mayor.

Feliz cumpleaños, hermana. Te quiero.

martes, 12 de marzo de 2013

sobre lo nuevo de Espada



Hoy sale a la venta lo último de Espada. Yo lo terminé anoche, así que escribo en caliente, imprudencia que sabrán perdonarme puesto que aquí escribo por gusto. La sorpresa que tengo aún metida en el cuerpo es difícil de explicar y hasta de tener, tantos años de leerlo. En cualquier caso, siento este atropellamiento de ideas.

En resumen: es soberbio. A Espada le gusta este adjetivo, supongo, porque es a la vez exacto y poliédrico, como el libro mismo.

El poliedro no es nunca fácil. Desde el mismo título: ¿en nombre de Franco salvando a judíos mientras en la posguerra española etcétera? ¿Franquistas buenos? ¿Héroes diplomáticos? No es sólo que a nuestro autor le gusten los oxímoros; es que –se siente, amigos– así es la vida. Y citaré a un clásico, a ver si me van siguiendo: "la mayor parte de los fenómenos históricos y naturales no son simples, o no son simples con la simplicidad que quisiéramos". Primo Levi speaking. Lo que quisiéramos es la ficción.

La ficción (literatura o cine) es el camino corto para meterse en la Shoah. (¿La escritura o la vida, Jorge? Las dos, viene a decir Espada en la conmovedora última línea de los agradecimientos.) Y meterse en la Shoah es tan ¿difícil? que algunos titanes –como Octavio Paz– ni siquiera lo hicieron. Espada se lo reprocha a Josep Pla, otro ejemplo, lo cual le llevó a Aly Herscovitz, lo cual le llevó a En nombre de Franco. Espada se mete sin más poesía –ni menos– que la de los datos (para contar el Holocausto –gracias, Lanzmann– nada más elocuente que el prado fértil de Treblinka en presente).

Pero a ver, entremos: ¿quiénes son esos héroes del subtítulo? Tres, principalmente (dentro están todos): Ángel Sanz Briz, Zoltán Farkas y Elisabeth Tourné. La primera parte se ocupa de sus acciones en el otoño invernal húngaro del 44. Los expertos en el tema, el monumental e imprescindible Raul Hilberg incluido y que en paz descanse, dirían que falta un cuarto, incluso que falta el principal, un italiano, que sí ha pasado a la historia con todos los honores: Giorgio Perlasca. Y así se llega a la segunda parte: el desenmascaramiento de l'impostore, nunca mejor dicho (así llamó él mismo sus memorias más célebres). Un desenmascaramiento que es por momentos juicio, de ahí la (soberbia, ¿no dije?) segunda persona gramatical, y por momentos novela policiaca, en la que Espada tiene de ayuda a un Watson "inverosímil" (así lo llama él y estoy de acuerdo): Sergio Campos. Un desenmascaramiento que no es sólo fáctico, sino sintáctico. (Fisking a Perlasca, sí, arganzuelos.)

Porque esa es otra: el libro nos sorprende pero lo reconocemos: todo Espada está aquí disuelto: el periodista, el viajero, el hombre con todas sus obsesiones: la búsqueda de la verdad y la persecución del mentiroso, la identidad nacional y la mutabilidad del yo, las ilusiones de la ficción y las de la memoria, Steven Pinker y hasta el porqué. (Sí, el porqué, por qué, why: tengo aquí decenas de apuntes en un apartado que llamo "Espada vs. Espada", pero no les voy a dar todo hecho a los reseñistas que cobran.)

Dije hombre y lo recalco: Espada es un hombre que se fija en otro hombre, Sanz Briz, cuyo heroísmo es "un acto funcionarial, acordado, prudente, de lírica escasa". Hum, un hombre que se le parece bastante. Y hasta aquí mi literatura.

Termino. ¿Es un libro redondo? De ninguna manera. "La vida no encaja. Siempre queda una manga de camisa vacía, colgando", dice Espada dejando –generosamente, como siempre– el asunto abierto. Pero el libro sí supera todo lo que Espada ha escrito hasta ahora. Todo lo contiene y lo condensa. Es de una madurez apabullante, como dije en el bar y lo sostengo, exhalando al fin este suspiro. No me extraña que le parezca estar volviéndose invisible para sí mismo. Se llama depresión posparto.

miércoles, 13 de febrero de 2013

reflexión antinacionalista zamorana

(B.S.O.)

Llevo trabajando ininterrumpidamente más tiempo en México que en España. Hago lo que me gusta como me gusta, con la permanente sensación de que en cuanto quisiera, podría hacer más. ¿Afortunada? Claro. Pero también me dejan buscar la fortuna. Este es mi país, en fin. Aún más: de todos los sitios que sienta propios, uno debería ser principalmente de donde paga impuestos.


lunes, 21 de enero de 2013

unos cuantos pasos

"No tienes que hacer circo, maroma y teatro", ATENCIÓN:

*

Sólo una antena aérea para uhacheefe con acoplador, un cable coaxial con conectores efe, un mástil de por lo menos uno punto cinco metros, un poco de alambre galvanizado, tornillos y taquetes. OJO: "para una instalación en casa, basta con una antena sencilla".

Para hacer la antena, simplemente hay que sujetar el mástil con tensores galvanizados, utilizar los tornillos y taquetes para fijar el alambre al suelo, colocar la antena en el mástil, conectar el cable coaxial al conector de la antena donde quede bien asegurado. EH: "donde quiera que estés, es muy importante que dirijas la antena hacia el Cerro del Chiquihuite".

Una vez instalada la antena, hay que conectar el cable coaxial a la entrada erreefe del televisor. Si el televisor es digital, elecedé, plasma o de modelos más recientes, fácil: realizas un escaneo de canales hasta sintonizar los canales digitales veintidós punto uno y veintidós punto dos y ya. OTRA COSA: "si vives en un edificio de departamentos, puedes organizarte con tus vecinos para comprar una antena maestra, que dé a todos una buena recepción, ya que podrás compartirla a través de un distribuidor". Si el modelo de televisor es análógico, lo siento, se complica: hay que conectar el cable coaxial que viene de la antena a un convertidor digital análogo y después conectar este al televisor.

Y ya puedes sentarte a disfrutar. (No es HBO, eso sí lo advierto.)


* Anuncio emitido por el Canal 22 en la ciudad de México a distintas horas del día.