En México no hay trenes de pasajeros, a excepción del nuevo cercanías que une el D.F. con el Estado de México, el turístico que recorre la Barranca del Cobre en Chihuahua y el folclórico que lleva desde Guadalajara a una hacienda tequilera en Amatitán, Jalisco. O sea, no existe. Porque no existe como transporte público, como esa red de arterias vitales que se usa hasta en la India, que vertebra un país limpia y civilizadamente.
Confieso que no tengo muy claro por qué se dejó morir al tren en México, en una lentísima agonía desde 1910 hasta nuestros días. Sé que Porfirio Díaz, gran entusiasta del progreso, impulsó la construcción masiva de vías, la cual había iniciado en la época imperial de Maximiliano (justo el año en que empezó la construcción de la primera línea española, de La Habana a Güines), que los ejércitos revolucionarios se transportaban a mansalva y con gran provecho en vagones y que después de la revolución -ay, Edmund Burke-, todo fue decadencia.
Pienso en estas cositas después de haber ido y venido en un mismo día de Madrid a Barcelona en AVE. Poco más de dos horas y media de centro a centro. Nada de taxis ni facturaciones. El paisaje herido de grietas de Aragón a trescientos kilómetros por hora. El sueño que arrebata al cuerpo sin cinturón de seguridad. No hay azafatas que molesten ni carreteras que vigilar. Las vías. La felicidad.
lunes 13 de julio de 2009
martes 30 de junio de 2009
breve guía recordatoria para mexicanos en Madrid
1. A las 12:00, a las 13:00 y, si no se ha comido, a las 14:00 se siguen dando los buenos días. Las buenas tardes, hasta que se pone el sol, con el límite más o menos en las 21:00. Ningún español dirá a las 19:00, ni siquiera en invierno, cuando oscurece mucho antes, "las siete de la noche".
2. Ninguna tienda de barrio abre de dos a cinco de la tarde. Algunos supermercados sí. Hay que olvidarse de encontrar abierto algo en domingo, salvo si es el primero del mes.
3. Algunos viejos no saludan, no dan las gracias y huelen mal. Han pasado una guerra, una posguerra y el estado del bienestar les llegó ya con el carácter avinagrado.
4. La dependienta que casi te tira a la cara las bolsas de toda la ropa que le acabas de comprar no tiene nada personal contra ti. Tampoco el camarero que te pone el café de mala gana. La amabilidad no es una condición sine qua non en el trato con los clientes; eso sí: casi nunca te estafan y son bastante eficaces.
5. Pase lo que pase, nunca digas "¿me regala un sobrecito de azúcar?" Te estarás exponiendo a un castellano "te lo venderé, ¡que aquí no se regala ná!"
6. Lo que tienen los seres humanos al final de la espalda no son "nalgas", ni "trasero", ni "pompis". Culo, se llama culo, así, con sus cuatro letras redondas. "Que no me entere yo que ese culito pasa hambre" es un poco animal, pero en ningún caso es un insulto.
(Se admiten sugerencias para completar la guía)
2. Ninguna tienda de barrio abre de dos a cinco de la tarde. Algunos supermercados sí. Hay que olvidarse de encontrar abierto algo en domingo, salvo si es el primero del mes.
3. Algunos viejos no saludan, no dan las gracias y huelen mal. Han pasado una guerra, una posguerra y el estado del bienestar les llegó ya con el carácter avinagrado.
4. La dependienta que casi te tira a la cara las bolsas de toda la ropa que le acabas de comprar no tiene nada personal contra ti. Tampoco el camarero que te pone el café de mala gana. La amabilidad no es una condición sine qua non en el trato con los clientes; eso sí: casi nunca te estafan y son bastante eficaces.
5. Pase lo que pase, nunca digas "¿me regala un sobrecito de azúcar?" Te estarás exponiendo a un castellano "te lo venderé, ¡que aquí no se regala ná!"
6. Lo que tienen los seres humanos al final de la espalda no son "nalgas", ni "trasero", ni "pompis". Culo, se llama culo, así, con sus cuatro letras redondas. "Que no me entere yo que ese culito pasa hambre" es un poco animal, pero en ningún caso es un insulto.
(Se admiten sugerencias para completar la guía)
miércoles 24 de junio de 2009
aviso para navegantes
Los anónimos que aludan a cuestiones ajenas a los textos colgados y que me atañan profesional o personalmente pueden dirigirse a mi dirección electrónica, que seguro tienen. Contestaré a sus inquietudes con gusto, siempre que se identifiquen.
Gracias.
Gracias.
sábado 13 de junio de 2009
memoria sin retórica
Sentada en un recital de poesía con motivo del aniversario de la llegada del Sinaia al puerto de Veracruz, tengo a la hija de Manuel Tagüeña delante, a la nieta de Lluís Companys detrás y al nieto del portavoz del gobierno de Juan Negrín a la derecha. Y no hay presunción ni rimbombancia, tipo "mi abuelo era capitán del ejército republicano y socialista y lo fusilaron en la guerra civil" (relean los nombres). Todos se conocen entre sí. Luego comerán y beberán en los portales del zócalo al ritmo caótico de marimbas, mariachis y tríos jarochos. Quiero decir que todo es sincero y natural como sentarse a la mesa con tu madre. "Memoria histórica" no es una expresión que ellos hayan inventado (entre otras cosas, porque no es histórico algo que está vivo y coleando), y me temo que el gobierno que ideó esa ley sabe muy poco acerca de sus peripecias familiares. Todos los españoles, en general, sabemos muy poco. Y sin embargo ellos lo saben todo de nosotros, desde el 14 de abril de 1931 hasta las últimas elecciones al parlamento europeo. Algunos, con una lucidez y una mesura que casi siempre nos falta. Uno habla de la transición como la "restauración del espíritu de la República", el bisnieto de Companys es antinacionalista, el nieto de Vázquez Ocaña se toma un güisqui riéndose de su tío anarquista.
Pueden cantar el himno de Riego enterito, muchos creían de pequeños que la bandera republicana era la de su colegio y recitan de memoria "España que perdimos, no nos pierdas; guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga, que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta".
En fin, creo que España los perdió. Y desde luego, ellos no volvieron.
Pueden cantar el himno de Riego enterito, muchos creían de pequeños que la bandera republicana era la de su colegio y recitan de memoria "España que perdimos, no nos pierdas; guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga, que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta".
En fin, creo que España los perdió. Y desde luego, ellos no volvieron.
sábado 2 de mayo de 2009
Día 9. Ya está bien
Esta mañana me rebelé contra mi querido guardián de la puerta y mi santa madre, que me llama a diario desde el viernes pasado, y me negué a ponerme la mascarilla para salir a la calle. La población de riesgo a la que pertenezco puede recibir antivirales, en el caso extremo de que me contagiara, algo que a estas alturas veo menos probable a que me atropelle un coche.
En el consultorio, el médico nos pregunta si conocemos a alguien con influenza. No. Si conocemos a alguien que conozca a alguien con influenza. No. "Yo tampoco", dice el desconfiado. Y no es que yo desconfíe de que haya muerto gente. Por supuesto que no. Simplemente creo que se detectó tarde la gravedad del virus y que eso se unió a un sistema sanitario deficiente, al que la gente no acude hasta que es de extrema necesidad. Y vaya si esta vez lo era. Hasta los pudientes prefieren llamar al médico antes que acudir a consulta, y la automedicación en México está a la orden del día (cualquier antibiótico se puede conseguir en una farmacia sin más trámite que pedirlo por su nombre, y a veces ni eso). De una gripe nueva que tiene tratamiento no debió haber muerto nadie. Intubar a pacientes en hospitales públicos no debió causar otras infecciones que a su vez causaran la muerte (como sugirió el secretario de Salud en una de las ruedas de prensa). El gobierno debió hacer lo posible por aclarar los perfiles de los fallecidos antes de lanzar al aire alegremente una cifra bicentenaria (¿es que no hay una estadística a mano de cuántos muertos por neumonía atípica hay al mes en este país?) Y los medios debieron buscar por su cuenta las respuestas en el tintero antes que esperar a que el ministro les contestara vagamente con su cara de perro pachón.
Por mí ya vale.
[PD numérica: con más de la mitad de las pruebas sospechosas analizadas (casi dos mil al principio, recuerden), hay diecinueve muertos confirmados. Va un trecho hasta los doscientos de los que se hablaba a mitad de semana, ¿no?]
En el consultorio, el médico nos pregunta si conocemos a alguien con influenza. No. Si conocemos a alguien que conozca a alguien con influenza. No. "Yo tampoco", dice el desconfiado. Y no es que yo desconfíe de que haya muerto gente. Por supuesto que no. Simplemente creo que se detectó tarde la gravedad del virus y que eso se unió a un sistema sanitario deficiente, al que la gente no acude hasta que es de extrema necesidad. Y vaya si esta vez lo era. Hasta los pudientes prefieren llamar al médico antes que acudir a consulta, y la automedicación en México está a la orden del día (cualquier antibiótico se puede conseguir en una farmacia sin más trámite que pedirlo por su nombre, y a veces ni eso). De una gripe nueva que tiene tratamiento no debió haber muerto nadie. Intubar a pacientes en hospitales públicos no debió causar otras infecciones que a su vez causaran la muerte (como sugirió el secretario de Salud en una de las ruedas de prensa). El gobierno debió hacer lo posible por aclarar los perfiles de los fallecidos antes de lanzar al aire alegremente una cifra bicentenaria (¿es que no hay una estadística a mano de cuántos muertos por neumonía atípica hay al mes en este país?) Y los medios debieron buscar por su cuenta las respuestas en el tintero antes que esperar a que el ministro les contestara vagamente con su cara de perro pachón.
Por mí ya vale.
[PD numérica: con más de la mitad de las pruebas sospechosas analizadas (casi dos mil al principio, recuerden), hay diecinueve muertos confirmados. Va un trecho hasta los doscientos de los que se hablaba a mitad de semana, ¿no?]
viernes 1 de mayo de 2009
Día 8. Patrullando la ciudad
Confirmado: en la ciudad hay menos miedo que guasa:

Hoy salimos a pasear en coche, y yo que pensaba sentirme como Eduardo Noriega saliendo a la Gran Vía en Abre los ojos, me encuentro con esto:

Con esto:

Y con esto:

Es cierto que en cualquier otro día festivo uno se abre paso a codazos por Francisco I. Madero, pero igual, había bastante gente. Diría además, a ojo de buen cubero, que llevaba mascarillas la mitad de los viandantes. Y hasta besos con lengua se daban en las aceras (obsérvese la pareja a la izquierda de la imagen anterior). Hace mucho calor; la gente se arrima a las fuentes.
***
Baile de números de hoy:
- 908 casos sospechosos analizados (poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar...)
- 511 desestimados
- 397 confirmados
- 381 dados de alta
- 16 muertos (no nuevos, sino de los que había, acuérdense, una lista de 159 a la altura del día 4 de la "contingencia")
- De esos 16, once eran del DF, tres del Estado de México (¿no eran cuatro?), uno de Oaxaca y otro de Tlaxcala (¿no que de Veracruz?). Doce mujeres y cuatro hombres (lo dicho, lo remitiremos a la ministra Aído)
Las dudas siguen siendo las mismas que ayer.
Hoy salimos a pasear en coche, y yo que pensaba sentirme como Eduardo Noriega saliendo a la Gran Vía en Abre los ojos, me encuentro con esto:
Con esto:
Y con esto:
Es cierto que en cualquier otro día festivo uno se abre paso a codazos por Francisco I. Madero, pero igual, había bastante gente. Diría además, a ojo de buen cubero, que llevaba mascarillas la mitad de los viandantes. Y hasta besos con lengua se daban en las aceras (obsérvese la pareja a la izquierda de la imagen anterior). Hace mucho calor; la gente se arrima a las fuentes.
***
Baile de números de hoy:
- 908 casos sospechosos analizados (poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar...)
- 511 desestimados
- 397 confirmados
- 381 dados de alta
- 16 muertos (no nuevos, sino de los que había, acuérdense, una lista de 159 a la altura del día 4 de la "contingencia")
- De esos 16, once eran del DF, tres del Estado de México (¿no eran cuatro?), uno de Oaxaca y otro de Tlaxcala (¿no que de Veracruz?). Doce mujeres y cuatro hombres (lo dicho, lo remitiremos a la ministra Aído)
Las dudas siguen siendo las mismas que ayer.
jueves 30 de abril de 2009
Día 7. Encierro con salida controlada
Con semblante casi diría alegre, el presidente aconsejó ayer que nos quedáramos en casa durante cinco días. Ni las ordenanzas concernientes a la epidemia de peste redactadas y promulgadas por el lord alcalde y los regidores de la ciudad de Londres en 1665 fueron tan severas, pues sólo atañían a casas contaminadas por la enfermedad. La gente le ha hecho caso, pero no creo que por miedo, sino por un extraño y súbito sentido cívico. De hecho, me sorprende más la histeria de los españoles que la templanza resignada de los chilangos.
Por mi parte, me quejo de vicio. Tengo mis geranios y mis colibrís y el rubio de enfrente que lee en el balcón. Y sobre todo, tengo esta ventana, que para sí la hubieran querido los pobres londinenses encerrados en el siglo XVII. Hoy, por ejemplo, mi guardián hasta me dejó dar la vuelta a la manzana. Claro, que tuve que salir así:

Comprobé que estos días van a ser una suerte de larga mañana del 1 de enero: cierres echados, unos cuantos coches, alguien que pasa, poca información y la panadería de la esquina impertérrita despachando su bollería fina.
En cuanto a los hechos, hay cosas que sabemos:
- que según datos de la OMS, los afectados totales (siempre comprobados) son 257 repartidos en 11 países;
- que de los 159 muertos sospechosos de México están comprobados 12 a día de hoy (no es que hayan muerto cuatro más, sino que cuatro más se han comprobado en laboratorio);
- que de esos 12, siete eran del DF, cuatro del Estado de México y uno de Oaxaca (suponemos que la mujer que aventurábamos ayer, la primera víctima mortal del virus),
- y que la Unión Europea es lo suficientemente sensata como para no limitar los viajes a México,
y hay cosas que no:
- por qué los datos de la OMS de hoy para México de enfermos totales comprobados (97) contradice los datos del secretario de Salud (312, de los cuales, por cierto, 300 están recuperados),
- en qué medida la enfermedad está remitiendo en México (que lo está haciendo),
- quiénes son los muertos, salvo que ocho son mujeres y cuatro hombres (útil si acaso para denunciar al virus por violencia de género),
- por qué el secretario se queda tan tranquilo al decir que algunos de los fallecidos lo son porque se infectaron de otras bacterias al ser intubados en los hospitales públicos,
- si tenían alguna enfermedad previa que los hiciera vulnerables,
- y si en las cifras de México se incluyen las de los hospitales privados, que hasta la fecha no han dicho ni pegao queda.
Por mi parte, me quejo de vicio. Tengo mis geranios y mis colibrís y el rubio de enfrente que lee en el balcón. Y sobre todo, tengo esta ventana, que para sí la hubieran querido los pobres londinenses encerrados en el siglo XVII. Hoy, por ejemplo, mi guardián hasta me dejó dar la vuelta a la manzana. Claro, que tuve que salir así:
Comprobé que estos días van a ser una suerte de larga mañana del 1 de enero: cierres echados, unos cuantos coches, alguien que pasa, poca información y la panadería de la esquina impertérrita despachando su bollería fina.
En cuanto a los hechos, hay cosas que sabemos:
- que según datos de la OMS, los afectados totales (siempre comprobados) son 257 repartidos en 11 países;
- que de los 159 muertos sospechosos de México están comprobados 12 a día de hoy (no es que hayan muerto cuatro más, sino que cuatro más se han comprobado en laboratorio);
- que de esos 12, siete eran del DF, cuatro del Estado de México y uno de Oaxaca (suponemos que la mujer que aventurábamos ayer, la primera víctima mortal del virus),
- y que la Unión Europea es lo suficientemente sensata como para no limitar los viajes a México,
y hay cosas que no:
- por qué los datos de la OMS de hoy para México de enfermos totales comprobados (97) contradice los datos del secretario de Salud (312, de los cuales, por cierto, 300 están recuperados),
- en qué medida la enfermedad está remitiendo en México (que lo está haciendo),
- quiénes son los muertos, salvo que ocho son mujeres y cuatro hombres (útil si acaso para denunciar al virus por violencia de género),
- por qué el secretario se queda tan tranquilo al decir que algunos de los fallecidos lo son porque se infectaron de otras bacterias al ser intubados en los hospitales públicos,
- si tenían alguna enfermedad previa que los hiciera vulnerables,
- y si en las cifras de México se incluyen las de los hospitales privados, que hasta la fecha no han dicho ni pegao queda.
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