viernes, 15 de agosto de 2008

¿La salida del laberinto de la soledad, por favor?

Un comentarista de la cadena TVC Deportes acaba de asegurar que las razones del fracaso mexicano en estos juegos olímpicos son genéticas, y que se encuentran, concretamente, en el 13 de agosto de 1521, efeméride de la caída de la Gran Tenochtitlan a manos de las tropas de Hernán Cortés. (El comentarista se guarda muy bien de puntualizar que dichas tropas las formaban seiscientos soldados españoles y diez mil -diez mil- hombres tlaxcaltecas, obviamente no muy contentos con el poder sangriento que ejercían los aztecas).

A ver, a ver, comparación ibérica, just for fun: como si nos hubiera dado por echar la culpa de los sucesivos fracasos de la selección española de fútbol -hasta Europa 2008, claro- al desastre de la Armada Invencible. Cuestión de genes, te diré.

miércoles, 30 de julio de 2008

la disparidad en datos

Se acaba de dar a conocer el último informe de la ONU sobre desarrollo en México por municipios. Lo que se mide, el índice de desarrollo humano (IDH), se basa en la esperanza de vida al nacer, la tasa de escolaridad y los ingresos. Los resultados pasman. A la cabeza está la delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, con un IDH superior (0,95) al de los países de la OCDE, entre los que se encuentran España, Francia y Alemania, y cercano al de Estados Unidos. El municipio con menor IDH (0,43) es Cochoapa El Grande, en el Estado de Guerrero, con niveles similares a los del África negra, más concretamente Zambia. Dentro del mismo Distrito Federal, puede haber barrios que se acerquen a esas cifras paupérrimas. El promedio nacional, cuya población representativa es Coatepec, en el Estado de Veracruz, se sitúa a la altura de Bulgaria.

Répétez si'l vous plaît: Estados Unidos, Bulgaria y Zambia, Estados Unidos, Bulgaria y Zambia, Estados Unidos, Bulgaria y Zambia.

sábado, 26 de julio de 2008

vuelta

Regresarás a casa y, si alguien te pregunta,
nada responderás: sólo tus ojos
reflejarán la tempestad.


Alí Chumacero

sábado, 12 de julio de 2008

en casa

¿Hace cuánto no sentía en los hombros volver sola al amanecer? Años. Siglos. Clarea por oriente y yo no siento tristeza aunque llore. Si lloro es por la vida, la perdida y la que no. La noche empezó por Marta y la certeza de los lazos silenciosos al cabo de los años. Siguió con Patricia y Julio, que salía de las visitas turísticas que yo presentaba hace dos años. Tan sorprendente y tan natural, Gael durmiendo entre los dos en un cochecito. Pero hasta los inglesitos tuvieron frío en la terraza de Chechu -extrañísimo verano mesetario-, y cuando apareció Carolina poniendo sabio orden gaditano, todos nos metimos en el local. Apareció aquel por el que lloraba hace... uf, como trece años. Calvo, listo, ¿interesado? "Vivo en México por amor". Se da la vuelta, quiere creer mi vanidad. No tengo pena. Tras los güisquis y una breve lección apasionada -chin, ¿frustrada?- de conquista española en México, sólo quedamos Marta, Álvaro, Carolina y yo. Al sitio donde vamos se aparece el pasado en cada columna. "Estás igual que siempre", dicen. Yo creo que es un insulto: lo bueno siempre es estar mejor que a los quince años. Pero nos damos cuenta de que es un piropo: no estás gorda, tonta, amargada. Estamos de muy buen ver. Y tampoco nos importa: bailamos felices. Álvaro habla de una canción de Shakira por donde se cuela la muerte, se cuela la vida, se cuela el amor. "Ah, amigo, lo que te duele no es que deje de soplar la brisa en tu cara sino en la suya". Eso es lo que quiebra el orgullo, lo que rinde al alma. Y al final, Álvaro, Carolina y yo en El Cielo, ¿dónde si no?, restamos para expresarnos amores y penas, lágrimas y risas. ¿Borrachos? No, no, no. Amargamente lúcidos. Alegremente sanos. "Como siga diciendo mi marío lo que le gustas me voy a poner celosa". "Eso porque no sabes lo que le gustas al mío tú". Y la mano de la reina dando fuerza de viento de poniente. Y el aire de la mañana entrando por el sitio opuesto. Y yo sin pena aunque llore. Supongo que estoy en casa.

martes, 17 de junio de 2008

domingo, 15 de junio de 2008

un milímetro de azar

Nada más común y natural que la formación de una vida. La prueba somos 6.500 millones aumentando en progresión geométrica. Y sin embargo, descubro ahora, nada más milagroso. De hecho, la formación de una vida es una sucesión de diminutos milagros que funcionan como un reloj, desde el mismo instante en que un óvulo acepta la cabeza de un espermatozoide. A la sexta semana empieza a latir el corazón, a la décima tiene cabeza, brazos y piernas, a la duodécima puede predecirse si tendrá síndrome de down midiendo la nariz y el cuello. A la décimo tercera, unas membranas que cubren la uretra, si es que va a ser un varón, tienen que desaparecer. Se llaman valvas uretrales posteriores y miden alrededor de un milímetro. Si no desaparecen, la vejiga no puede evacuar. Si no evacua, el feto va quedándose sin líquido amniótico, pues la placenta de la madre deja de producirlo hacia la décimo sexta semana. El líquido amniótico es vital para el desarrollo de los pulmones: sin uno no existen los otros. Al mismo tiempo, los riñones tendrán que empezar a funcionar, pero poco a poco se irán llenando de orina hasta llegar a atrofiarse. Que no desaparezcan las valvas uretrales posteriores pasa sólo uno de cada diez mil embarazos. No tiene que ver con beber o fumar o saltar o tomar ácido fólico. Nada lo causa, menos lo predetermina. Es sólo la suerte la que echa a rodar los dados. Un dado de un milímetro.

viernes, 13 de junio de 2008

lo que se maneja

Clínica de Gineco-Obstetricia número 4 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Nueve y cuarenta de la mañana. Hemos quedado a las diez con el único médico que nos puede ayudar en nuestro caso. En la puerta principal hay dos guardias de seguridad mujeres que custodian el paso. El altiplano azteca en sus facciones y formas (y conste lo señalo porque viene a cuento). La más bajita se dirige a nosotros:

- ¿Adónde van?
- Hemos quedado con el doctor tal a las diez.
- Ahhh, pos no sabría decirle.
- Es el jefe del servicio de gineco-obstetricia, se encuentra en el sexto piso...
- Ah, no, mire, es que lo que se maneja aquí es que el doctor baje a buscarles.
- Ya, ¿y no podría avisarle?
- No, nomás que ustedes entren por urgencias.
- Ya, gracias.

Llamamos al médico al móvil, le decimos que no nos dejan pasar, nos dice que baja a buscarnos. Esperamos fuera. Cinco y diez minutos, que se convierten en quince, veinte y veinticinco. Viendo que todos acaban pasando (todos de tez morena), aventuro que la guardia no nos dejó pasar por racista.
- Somos güeros, los blancos le caen mal...
- No, no, yo creo que a todo el mundo le está pidiendo credencial.
- Sí, pero todos pasan...

A los cinco minutos, se marcha la bajita. Ricardo se acerca a la otra, que articula algo en el español de locomotora del Distrito Federal. Que le deje el carné y que pasemos, que claro, que cómo no, que tengan un buen día, que les vaya bien. En fin, lo que se maneja.

(PD: Arriba, un exquisito y sensato médico joven vuelve a hacernos creer en la especie sin colores).