martes, 22 de septiembre de 2009

Isol, escritora, ilustradora, cantante

“¿Y qué es ser un escritor infantil?”

Isol, que nació en Buenos Aires en 1972 con el nombre de Marisol Misenta, es un espíritu renacentista dentro de un cuerpo breve. Sus libros para niños, que ella misma ilustra y rezuman humor políticamente incorrecto, le han granjeado numerosos lectores y codiciados galardones, entre ellos la mención especial como finalista del Hans Christian Andersen por dos años consecutivos. Además, ha sido cantante pop con diversos grupos y es soprano de un conjunto de música barroca.

¿De qué marmita vital vienes, que haces tantas cosas a la vez?
Cuando todos somos chicos, cantamos, dibujamos, inventamos cuentos… No sé por qué algunos dejan de hacerlo. Yo siempre me mantuve conectada con eso. Tiene que ver con que fui estimulada en casa, porque en mi familia todos son medio artistas. Es algo para mí natural, hacer muchas cosas. A veces también provoca un poco de estrés organizativo, pero también todo lo que hago se complementa mucho entre sí.

¿De qué manera lo complementas?
A mí me encanta contar historias, y principalmente lo hago escribiendo e ilustrando. Cuando canto también trato de reflejar un clima, llevar al otro a jugar con otro mundo. Así como cambio de técnicas en los libros, me encanta tener nuevos desafíos, encontrar nuevo material. La música se hace con otras personas y en ella se da una situación de exposición física inmediata muy estimulante. Por otro lado, es agotador, y tengo que volver a la intimidad y la soledad de mi estudio, algo que me encanta. Me gusta también publicar, sentir esa libertad total: nunca pensé en hacer algo para alguien; tuve la suerte de que lo que me gusta hacer encontró su público.

Has dicho que más que escribir para niños, usas al niño como personaje. ¿Será que en realidad no eres una escritora infantil?
¿Y qué es ser un escritor infantil? Cuando oigo ese adjetivo, me fuerzo para no enojarme. Además, mis ideas no se parecen nada a las de los niños. Yo pensaba que sí, hasta que empecé a trabajar con ellos en talleres.

Pero algo tienes que tener, a pesar de que no tengan las mismas ideas, que los niños hacen clic con tus historias.
Bueno, si fuera igual, quizás no les interesaría tanto. Mis historias tienen una vueltita que hace que a los adultos también les encanten. Y en realidad, ¿tan diferentes somos? ¿Por qué uno tiene tanta empatía cuando ve a un niño? Porque hay algo de él en uno. Somos un niño crecido que aprendió a comportarse y a pensar las cosas de manera matizada. Yo como niña fui muy seria, muy preocupada, y cada vez tengo menos preocupaciones: cada vez me parezco más a la niña que hubiera querido ser entonces.

A los niños resulta que le encantan las historias con humor negro, con ironía, con crueldad. ¿Por qué crees que se les sobreprotege?
Si a ti te da miedo algo, querrás cuidar al niño de eso. Supongo que ahora hay padres que tienen menos miedo, por eso le pueden dar a sus hijos libros como los míos. A veces nos olvidamos que los chicos son más inteligentes de lo que pensamos. Por ejemplo, mi sobrino, que tiene cinco años, sólo ve Los Simpson. Para mí Mafalda, cuando era chica, era mi ídolo. Y ambas historias son complejas, tienen muchas líneas de interpretación. Está bueno en todo caso pecar de más sentidos que de menos. Secreto de familia [donde una niña descubre que su madre es un erizo], a las madres les encanta, y está bien que se rían de ellas mismas. De chica yo quería tener otros padres, y después me encontré que a muchos les había pasado lo mismo. También tienen un éxito enorme todos los seriales de niños huérfanos; creo que para ellos, como fantasía, es muy liberador. Si uno piensa “no quiero a mis padres”, empieza a preocuparse, puede ser un drama, pero si dice “por un rato juego a que no tengo por qué soportar a mi mamá que está gritando todo el día” y se ríe un poco, quizá ella también se pueda reír, y se descomprime la situación.

Hablando de madres-erizo o madres-globo, yo soñaba que la mía era una bruja. ¿Qué hubieras escrito tú?
Habría que ver qué aprendiste de eso. Yo fui a terapia mucho…

Emilia Ferreiro ha dicho que a pesar de que los niños nacen en un entorno donde se familiarizan primero con las nuevas tecnologías, siguen leyendo libros. ¿No nos preocupamos demasiado por que dejen de ser lectores?
La actividad de la lectura tiene determinadas particularidades que es muy triste que se pierdan. En el sentido no sólo del objeto o del contenido, sino de realizar algo en silencio. No sé si el libro es en sí algo siempre sagrado –porque la gente también ha leído siempre novelas malísimas, por ejemplo–, pero a mí me deja muy ansiosa estar en internet mucho tiempo. Un libro, lo cierro y ya está, y a la vez sé que sigue ahí. Además, está terminado, se hizo en un momento, no como en internet, que todo permanece en algún lugar inacabado. A mí me preocupa porque me encanta hacer libros y si no hay más, no voy a tener más trabajo. Lo ideal sería que estuvieran las dos cosas.

Pero según tu experiencia con niños, ¿ves que afecta a la lectura de alguna manera su contacto permanente con las tecnologías multimedia?
Lo que vi en algunos lugares fue el ansia de inmediatez que ahora tienen los pibes. Una vez dije que había estado haciendo un libro ocho meses, y se quedaron asombrados: “¡tanto tiempo!” Y la maestra me decía: “diles, porque para ellos, si algo les tarda más de dos horas, ya está mal”. Por eso muestro las cosas que no me salieron bien, pero con orgullo, para que vean que esa idea de “puedo conseguir todo” no es verdad. Hay cosas que no están afuera, están adentro y necesitan un tiempo para llegar a ellas. Por otro lado, lo que es divertido de internet es que todos sienten que pueden crear. Opinan, hacen un cuadro, lo muestran. Creo que lo bueno se va a decantar.

¿Cómo se lleva un escritor para niños con los niños?
Como en todo, hay niños simpáticos y niños insoportables. Yo en general me llevo bien, porque me ven un poco como un par. ¡Como los veo yo a ellos! Quizá es una equivocación mutua, pero nos hacemos los que no nos damos cuenta. Me divierto con ellos como con mis personajes, y nunca estoy del lado de la madre. Llevo mis propias inquietudes a mis historias, que me parecen muy claras en algunos niños –el bien, el mal, qué hay que hacer, qué no…– y que son situaciones que de grandes nos siguen angustiando. Hice un libro sobre eso, Petit, el monstruo, cuyo protagonista se ve como un monstruo porque no es ni bueno ni malo, porque la madre le dice “cómo un chico tan bueno puede hacer cosas tan malas”.

Eres perversa…
No sabés cómo funciona ese libro con los niños. Mis libros plantean problemas, no soluciones. No para quedarse con la carga, sino para decir “mirá, lo mismo se puede ver de este otro lado”. A todos, chicos y grandes, nos pasa lo mismo, pero nos olvidamos.~


(Publicado originalmente en el blog "Otras voces" de la revista Letras Libres, el 22 de septiembre de 2009.)

domingo, 20 de septiembre de 2009

un ciudadano

Creo que se puede entrar libremente, por tiempo limitado, en esta nota (el periódico Reforma se tiene en tan alta estima que todo lo cierra a cal y peso). También está gratis, pero ahí la sintaxis es tan pobre y los árboles del melodrama tan frondosos, que no dejan ver los datos.

El caso es que un señor llamado Esteban Cervantes Barrera, que vivía en una de las zonas más deprimidas de este Valle de lágrimas, salió a doblegar al loco asesino del metro Balderas y se llevó tres tiros a bocajarro. Sólo lo ayudó otro hombre, que sigue ingresado en el hospital. Cerca de la sesentena, había nacido en un pueblo de Michoacán, era soldador y tenía cinco hijos ya criados. "Era un hombre estricto –dice uno de ellos–. Ejerció una disciplina sobre nosotros bastante fuertecita, pero dentro de todo nos sacó adelante a los cinco". No dejo de pensar en esa historia, como tantas en el cinturón gris y desordenado que cerca el Distrito Federal. El hombre de provincias llega a buscar fortuna en la capital, donde sólo queda sitio en la la tierra seca que antes era lago. El polvo y la pobreza no hacen flaquear la honradez ni el rigor –evita que la desesperación imbuya en sus chicos malas tentaciones. Probablemente crea en Dios. Y un día cualquiera, volviendo del trabajo, actúa como pocos lo harían en una ciudad de semejantes condiciones. Como un ciudadano.

Se preguntan siempre por qué este país no se termina nunca de ir al carajo. Yo digo que por gente así.

jueves, 10 de septiembre de 2009

"eran dos latas de Jumex, las llené de tierra y les puse unas lucecitas"

No habían terminado de bajar los pasajeros del avión de Aeroméxico secuestrado ayer, no dejaban de cacarear los "periodistas" de Televisa que eran tres, cuatro, ocho secuestradores, cuando Ricardo alias la rata blanca ya dijo que seguro era una broma. Naturalmente, la Prensa Vigilante se apresuró a insinuar lo que Vicky Larraz pero sin gracia ochentera.

Dicho lo cual, sigo sin entender bien por qué al señor que canta esto se le dio un micrófono más en su vida. Son esas manos generosas que alargan micros para que los muchachos se expliquen, pobres, las que hacen posible fenómenos como los de Juanito. Que contaré otro día porque es demasiado complicado...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Claudio Esteva Fabregat, antropólogo y pasajero del 'Sinaia'


“Yo no creo que un hombre se haga en la guerra”

El doctor Esteva Fabregat nació en noviembre del 18, y su biografía incluye la fundación de la primera Escuela de Antropología de España, en los sesenta, y una estrecha colaboración con Erich Fromm en los cincuenta. Triunfos para un perdedor de la guerra: había militado en las Juventudes Socialistas y luchado en el desgraciado frente de Aragón. Antes, fue juvenil del Barça por dos días: “Supimos del levantamiento el domingo 19 de julio, y yo había firmado la ficha de profesional el viernes anterior”. Después, lo esperaba el campo de concentración francés de Saint-Cyprien. De él salió con un pasaje en el Sinaia, el primer barco de refugiados españoles que llegó a Veracruz, hace setenta años. En México sentó las bases de su carrera académica. ¿Y la futbolística? “Que le cuente cómo lo llamaban en el equipo aficionado en el que jugó en Puebla”, insta Berta, su mujer. “El Filósofo”: siempre andaba hablando de clásicos griegos, o convenciendo a los árbitros con críticas a la razón práctica.

¿Cómo es que nació en Marsella?
Ahhh, porque mis padres fueron a visitar a un hermano de mi madre, y ella, entonces embarazada, había calculado mal. Pasó la cuarentena en Marsella conmigo y luego volvimos a Barcelona. Fui francés cuarenta días.

¿Qué imagen guarda de los dieciocho días de travesía en el Sinaia?
En el barco, por primera vez en algunos años disfruté la sensación de libertad, y puedo identificar la experiencia del viaje, comparada con la guerra y el campo de concentración, como unos días de reposo. Por otra parte, en aquel momento ya pensábamos en otras urgencias: saber todo lo posible sobre México. Cada día en el Sinaia se publicaba un boletín de información en ciclostil y se nos daban pláticas sobre el país. Por ser refugiados políticos, pedíamos información sobre la revolución mexicana. Yo no había leído mucho sobre el tema, pero había dos personajes que nos impresionaban especialmente: Pancho Villa y Emiliano Zapata.

¿A qué se refiere con “sensación de libertad”?
Bueno, fue un modo de entrar en comunicación con otras experiencias. La idea principal era olvidar. Todo.

¿Qué todo es ése que quería olvidar?
El hecho mismo de la guerra, algo que impresiona muchísimo.

¿Usted vio a gente morir?
Oh, claro que vi, muchos. Y estallar las granadas de las bombas en compañeros de la unidad militar. Lógicamente, si entrábamos en combate había muchas bajas.

¿No siente que los franceses traicionaron a la II República?
Yo creo que los franceses estaban también divididos en izquierdas y derechas. Su izquierda iba a ser también derrotada y cuando llegamos, la mayor parte de la gente nos repelía. Francia e Inglaterra nos abandonaron. No fue traición, propiamente: pensaban que si ganábamos nosotros, ganaba el comunismo.

Usted dijo que México le había marcado más que la guerra civil. ¿Tanto así?
Me refiero a que llegué a México con veinte años, y a esa edad no hay nadie que esté completo. Yo no creo que un hombre se haga en una guerra, sino antes o después. Y la principal experiencia formativa la tuve en México. Esto me hizo más mexicano que español en aquel momento.

Y hoy, ¿es más mexicano o más español?
No tendría sentido decir que soy más mexicano que español, porque soy una persona culturalmente mestiza, y uno tiene familia en los dos sitios. Puedo ir a España y sentirme bien, y al mismo tiempo sentir nostalgia de México.

Cuénteme, ¿por qué volvió a España en los años sesenta?
Porque las organizaciones políticas desde el interior de España nos reclamaban que volviéramos para ayudarlos a combatir al régimen. A los exiliados se nos acusaba de haber perdido la idea. En México se dio una división de pareceres entre los que triunfaban económicamente, que querían quedarse, y los que sentían la obligación moral de volver. Volvimos para influenciar, para contribuir a destruir la falsa información que se había dado sobre la República.

¿Cómo vio España en esos años?
Triste. Sobre todo Barcelona. Pero uno se preguntaba si la visión que tenía de España era diferente porque la estaba viendo veinte años después. Es decir, que esta imagen es muy relativa.

¿Cuándo regresó a México?
Hace siete años. Yo ya había cumplido mis compromisos en España, y compañeros míos de aquí me ofrecieron un lugar donde trabajar.

Cualquier otro, con 83 años, se hubiera retirado a una playa del Mediterráneo…
[Risas] No tanto, no tanto… Mire, hay maneras de ser. A mí me gusta estudiar, pensar, escribir, y las playas no me atraen mucho.

¿No cree que la historia del exilio en México sigue sin conocerse bien en España?
Es ahora, cuando la tercera generación desde la guerra civil ha accedido al gobierno –y me refiero al de Rodríguez Zapatero–, que se empieza a revivir lo que se llama la memoria histórica. Todavía, cuando se abren fosas de fusilados, hay muchos testigos del mismo pueblo, ya ancianos, que no quieren opinar porque tienen miedo. Cómo va a hablarse del exilio de México, si durante cuarenta años la gente ha estado perseguida. Ahorita, precisamente, recién empiezan a atreverse a contar. Naturalmente, cuando se habla de memoria histórica surgen todos los conservadores, que son muchos, y dicen que recuperar la memoria histórica es reproducir la idea de la guerra civil.

Bueno, dicen que las barbaridades durante la guerra se produjeron de ambos bandos, no sólo del vencedor.
Sí, y es verdad que hubo persecuciones del lado republicano, pero éstas eran reacciones al levantamiento militar. Hay que tener en cuenta que en el momento del golpe la mayor parte de las fuerzas armadas se sumó a él, dejando a la República sin fuerzas para reprimir los desmanes que se producían en la retaguardia.

No los estará justificando…
No, no: fueron movimientos de reacción, y no podían ser castigados por las autoridades republicanas porque habían quedado totalmente desarmadas. Hasta más o menos septiembre del 36 no se pudo recuperar un poco de orden en la retaguardia. Los que cometían desmanes lo hacían por su cuenta, mientras que el régimen franquista lo hacía por medio de leyes.

Volvamos a México. ¿Qué le sorprendió más al llegar?
Sobre todo, la manera de hablar: había muchas palabras cuyo significado no sabíamos y nos hacían albures cuando preguntábamos qué querían decir. Y también, la forma urbana, sobre todo el zócalo, primero de Veracruz y luego de la ciudad de México, donde me tocó ir cuando nos distribuyeron. Una vez en México, nos llevaron al Refugio, apartamentos que habían alquilado las autoridades de la República en el exilio.

¿Y ahí le dieron trabajo?
El trabajo se lo fue buscando cada uno por su cuenta. Entre tanto, nos daban un subsidio de un peso con cincuenta para cada soltero. Íbamos juntos cuatro o cinco a un chino de la calle Bolívar, entre El Salvador y Uruguay, donde daban una comida corrida por 65 centavos. ¡Todavía nos sobraba dinero!

¿Y cómo salió adelante?
En mi caso, junto con otros catalanes, fui al Orfeó Català, donde nos recibieron muy bien los antiguos residentes, y allí fue donde empezó a formarse “la red”: un viejo residente le daba empleo a un recién llegado, éste hacía correr la voz entre sus amigos y se ponía en marcha la bolsa del trabajo. Digamos que esta bolsa estaba basada en relaciones de grupo “étnico”: los catalanes por una parte, los vascos por otra, los gallegos por otra…

¿Los mexicanos cómo los veían?
En general, había una simpatía por nosotros. Pero sabíamos que la mayor parte de la oposición pedía al gobierno que nos expulsara del país por ser asesinos de monjas y todo tipo de barbaridades. Además había muchos gachupines –españoles que ya estaban aquí– partidarios de Franco que hicieron campaña contra nosotros.

Y de Erich Fromm, ¿qué aprendió?
Aparte de las enseñanzas académicas, aprendí a apartarme de toda teoría ortodoxa: habíamos llegado a la conclusión, a lo largo de muchas conversaciones privadas, de que el siglo XX era el de las matanzas múltiples por culpa de las ideologías. Y muy importante: aprendí a conversar de una manera menos apasionada, a usar la razón crítica no como instrumento de lucha, sino de persuasión.

Tiene usted 90 años. No se aburre uno de vivir…
Al contrario. Más bien quisiera vivir toda la vida, y esto no va a ser posible… Pero no, no tengo ningún problema; cuando me llegue el momento, creo que no me voy a enterar.~

(Publicado originalmente en el blog "Otras voces" de la revista Letras Libres, el 9 de septiembre de 2009.)

jueves, 3 de septiembre de 2009

Julieta Fierro, astrónoma

"Galileo se moriría de la risa de ver cómo el ser humano sigue queriendo ser el centro del universo"

El despacho de Julieta Fierro (ciudad de México, 1948) es una juguetería, sin metáforas: marionetas, peluches, teatritos, le sirven para divulgar apasionadamente la ciencia en escuelas, conferencias, televisión. Julieta Fierro es caleidoscópica: una es muchas. Científica de currículum brillante, maestra, académica de la lengua, animal mediático, ella se define como “una mujer que en la tercera edad hace lo que le gusta con libertad absoluta”. Julieta Fierro es, en fin, el año de la astronomía hecho vida (y me pide, insistente, que no le hable de usted).

Perdona, pero no te consideraría de la tercera edad...
Bueno, tengo 61 años. Ya tengo derecho a mi credencial del INSEN, que mis amigas quieren que saque porque me hacen descuento en todos lados, pero a mí me da pena. ¿Cómo no voy a pagar en el Metro?

¿No es insultante lo de tercera edad?
¡Para las mujeres es lo mejor! Lo que me da coraje es que nos dejen sin opciones. En las ratas han hecho experimentos que demuestran que después de criar hijos, las hembras se hacen más inteligentes.

¿Por qué a la gente le cuesta más creer en la ciencia que en historias como que Marte se verá como la Luna?
La gente busca certezas, por eso funcionan la lotería y los milagros, y como la seguridad no existe porque la vida es azarosa, prefiere los horóscopos –y qué bueno que los astrólogos cumplen con esa función social. Además, los científicos no hacemos suficiente divulgación. En realidad ése es el problema.

¿Los astrónomos creen en conquistar otros planetas?
Nunca van a decir que no porque se les acabaría el presupuesto. Y en que hay vida en Marte y en una luna de Júpiter, ¡claro! (Eso es más fácil, porque se han descubierto centenares de planetas extrasolares, incluso planetas que van por la vida sin estrella).

Y Plutón no es un planeta...
Se trata de un sistema quíntuple, precioso, porque es un mundo acuoso, pero pobre, no da la talla. Para tu tranquilidad, Cristina Pacheco, que se enfureció conmigo porque había votado por que no se considere un planeta, me dijo que escribiría un cuento donde Plutón se va a vivir a una estrella enanita donde todos son chiquitos y lo quieren.

¿Por qué fue el hombre a la Luna?
Por razones políticas; los gringos estaban asustadísimos de que los rusos ocuparan el espacio. En todas las misiones, sólo fue un científico.

Y no hay razón para volver.
Sí, claro, hay planeadas varias misiones, como estrellar un satélite sobre la parte polar para ver si hay agua.

Entonces volver es útil.
Bueno, la astronomía no busca la utilidad. Buscamos conocer, no que bajen los precios de las tortillas. Ahora, la ciencia acarrea tecnología. Dentro de poco, con que te midan el aliento, como ya hacen con los astronautas, van a saber si tienes la presión arterial alta o tus índices de colesterol.

¿Qué diría Galileo si viera que la Iglesia católica acepta su legado cuatro siglos después?
Oye, la Unión Astronómica Internacional hizo su lucha: fuimos al Vaticano, revisaron los archivos, ¡y hasta le hicieron una misa! Fue un triunfo, porque la Iglesia dejó claro que respeta la labor de la ciencia. Galileo estaría contento, de eso y de que su principio fuera rebasado por todos lados. Y se moriría de la risa de ver cómo el ser humano vuelve a lo mismo: siempre queremos ser el centro del universo.

¿Y qué diría de que sin embargo...?
“Y sin embargo se mueve”, justamente, es el título de un mambo que mandé hacer en honor de Galileo, que bailamos mis mamberas y yo en el Zócalo, en la Plaza de Tlatelolco, en las prepas...

De que sin embargo, la ciencia sigue teniéndose que explicar ante los fanatismos del mundo.
La gente vive con dos sistemas del mundo: el racional y el irracional. Es así.

¿Perderá la ciencia la batalla frente a la irracionalidad?
Ya la ha ganado: la ciencia fomenta la tecnología, y la tecnología fomenta la economía. Venimos de ser cazadores-recolectores: nos gusta agarrar todo lo que nos gusta.
Pero hay una contradicción terrible en muchos países donde la tecnología es punta y la religión, oscurantista.
            Como el mundo árabe –que tiene, en general, malos científicos. Cuando fui a defender la oscuridad de los cielos en las Naciones Unidas, los señores árabes se ponían un papel delante, para no verme. Cuando estuve en Jordania, propuse que las niñas vayan a la escuela, porque si la mamá no es lista y le pone retos al niño desde chiquito, éste nunca va a ser científico. Pero en el programa del congreso ni siquiera apareció mi nombre. Yo dormía en un cuarto aparte, en la universidad, con una señora que trajeron de Turquía a cuidarme. Y de regalo me trajeron una bandeja de plata con dos rollos de papel de baño.

¿Cómo piensas celebrar el año de la astronomía?
¡No he hecho otra cosa! He tratado de usar todos los recursos posibles para que a la gente le guste la ciencia con la excusa de hablar de Galileo.

Haz publicidad: hitos de la astronomía mexicana.
Contribuimos a proyectos internacionales, como el Gran Telescopio Canarias del Observatorio del Roque de los Muchachos, en España. La astronomía mexicana es famosa por el estudio de las nebulosas planetarias, y en cuanto a la evolución del universo, los mexicanos hemos hecho colaboraciones fundamentales. Somos buenos aunque poquitos.

Explícame el arte de mezclar un caracol con el diccionario de la RAE.
Imagínate el horror de tener que dar el discurso de entrada en la Academia de la Lengua ante todos esos poetas y escritores. ¿De qué podía hablar? Me había comprado en Japón un pañuelo que tenía un caracol, y por ahí me fui. Fíjate qué maravilla: al día siguiente, un señor que no sé ni cómo se llama me mandó este cuadro verde de un caracol.

¿Y vas a las reuniones de la Academia?
¡Por supuesto! No me las pierdo ni de chiste. Allá aprendí cómo usamos el español los mexicanos: el imperativo, sólo para ofender; el doble posesivo, “me duelen mis pies”, y el abuso de los diminutivos, “¿quiere que le demos su salsita con sus frijolitos?”

Ayer no quedamos porque tenías que ir a terapia. ¿No es el psicoanálisis incompatible con la ciencia?
Tratar de entender la existencia humana es importantísimo. ¿Por qué va a ser incompatible pensar? Sobre uno mismo, sobre la vida… ¿Llevamos una vida ética o no? Además hay que inventar una religión donde no se premie el sufrimiento y las mujeres no seamos subhumanas... Para eso se necesita pensar.

Esa nueva religión no sería la ciencia...
Es que la ciencia no persigue el código ético, sino entender.

¿Terminará la ciencia de explicar todo?
Hay teoremas matemáticos que demuestran que es imposible. Conocemos fragmentos de verdad, pero obviamente no todos, así que los científicos siempre tendrán trabajo.

(Publicado originalmente en el blog "Otras voces" de la revista Letras Libres, el 3 de septiembre de 2009.)

lunes, 24 de agosto de 2009

Balbina Flores, periodista

“El caso de un periodista asesinado debería ser noticia permanente”

A Juan Daniel Martínez Gil, conductor de noticieros de W Guerrero, lo mataron en Acapulco el 27 de julio. Fue el octavo periodista asesinado en México este año y el tercero en el mes de julio, cifra que coloca al país en la cabeza de los más peligrosos para ejercer el periodismo, a la altura de Pakistán e Iraq y sólo por detrás de Somalia y Filipinas, en la clasificación del International News and Safety Institute. Balbina Flores (Xicotepec de Juárez, Puebla, 1965), corresponsal de Reporteros Sin Fronteras en México desde 2001, sabe bien los nombres y apellidos tras los números desnudos, y comienza hablando del punto de partida de esta situación crítica.

El grado de violencia con la que se mata a los periodistas es terrible desde 2006, y desde entonces México no ha retrocedido del primer lugar de América Latina en relación a agresiones a la prensa. Fue un año trágico en el que se registraron diez asesinatos y por primera vez se superó a Colombia.

¿Por qué se mata a periodistas en México?
Porque son incómodos. No sólo para los poderes públicos, sino también para esos poderes fácticos que conforman el crimen organizado. Desde luego el poder público sigue estando en primer lugar.

¿En qué sentido?
La cifra mayor de agresiones hacia periodistas proviene de funcionarios, policías, y ahora, desde el ejército. A mayor presencia de elementos policíacos debería haber mayor seguridad, pero no es así.

Viendo los lugares de ejercicio de los periodistas asesinados se podría pensar que los culpables se encuentran dentro del crimen organizado. ¿Se les puede poner cara a los agresores de los periodistas?
Sí, de algunos incluso tenemos nombre y apellidos. Gran parte de estos agresores son comandantes, policías, elementos del ejército. Son datos sustentados, que también han registrado otras organizaciones como el Centro de Periodismo y Ética Pública. En otros casos ha quedado claro que es el narcotráfico, como en el de Eliseo Barrón, cuyos presuntos autores materiales han sido detenidos. El autor intelectual en la gran mayoría de los casos no se termina de conocer.

Has denunciado la gravedad de la autocensura que genera esta situación.
Un periodista de Tamaulipas decía que la autocensura es peor que estar muerto. Cualquier agresión a un periodista tiene un impacto enorme en sus colegas. La advertencia es directa: “si sigues publicando esto, te puede pasar lo que le pasó a Eliseo o a Juan Daniel”. Sabemos de colegas que han decidido no seguir publicando más sobre el narcotráfico, o incluso, algunos, no seguir en el periodismo.

¿Y por qué no produce más escándalo?
Por una parte, son responsables los propios medios, que sólo convierten en noticia a los periodistas cuando algo así ocurre –y el caso de un periodista asesinado debería ser noticia permanente: siempre debería aparecer en las páginas de los diarios como un asunto no resuelto. Pero por otra parte, las autoridades federales no le han dado la suficiente importancia a estos casos, porque entienden que forman parte de la lucha contra el narcotráfico. Los consideran un número más en esta guerra.

¿No proponen ninguna medida?
Sabemos que Gobernación tiene la intención de armar un proyecto de protección a periodistas, pero no hay nada concreto. Nosotros proponemos la federalización de los delitos contra periodistas, pero sabemos que eso no va a resolver el problema. Se necesita un proyecto integral que incluya prevención, investigación, un marco jurídico adecuado y recursos materiales suficientes. Y sobre todo, hace falta voluntad.

¿Crees que tiene que ver con el hecho de que los periodistas asesinados no son de la capital? ¿No se agilizaría la justicia si fuera así?
Si mataran a periodistas de la capital tendría un mayor impacto: ojalá no ocurra. Pero creo que el asunto tiene que ver con otros factores. Hay ejemplos, como el de Eliseo Barrón [reportero de La Opinión Milenio en Torreón] o el de Amado Ramírez [corresponsal de Televisa en Acapulco], cuyos medios han tomado la iniciativa de presionar a la autoridad, y han tenido tanto impacto que los presuntos autores materiales han sido detenidos. Ahora, hay muchísimos más casos en los que no ocurre esto, es más, se han olvidado totalmente: hay ocho periodistas desaparecidos en este país y nadie habla de ellos.

Ponles nombre.
[De memoria] Jesús Mejía Lechuga, reportero de la emisora MS-Noticias en Martínez de la Torre, Veracruz; el joven periodista Alfredo Jiménez Mota, reportero de El Imparcial, en Hermosillo, Sonora; Rafael Martínez, reportero del periódico Zócalo, de Monclova; el reportero de Tabasco Hoy Rodolfo Rincón Taracena; José Antonio García Apac, director del periódico local Ecos de la Cuenca de Tepalcatepec, Michoacán, y el más reciente, Mauricio Estrada, de La Opinión de Apatzingán. Dos casos más son Gamaliel López Candanosa y Gerardo Paredes, reportero y camarógrafo, respectivamente, de TV Azteca en Monterrey.

¿Y dónde están los responsables?
No sólo en el narcotráfico, sino en redes delincuenciales locales. Rodolfo Rincón, por ejemplo, publicaba acerca de una red de extorsión en la zona de Tabasco antes de desaparecer.

¿Y qué hay de los periodistas supuestamente metidos en las redes del narcotráfico?
No tenemos nombres y apellidos de reporteros involucrados, pero sabemos que los hay. Lo que sí nos parece grave es que cuando se mata a un periodista, ésta sea una de las líneas que se empieza a difundir. Las dependencias públicas tienen que ser muy cuidadosas y responsables en estos casos, no adelantar conclusiones. Y los mismos periodistas también, porque finalmente reproducen esas declaraciones. De lo contrario se generan dudas infundadas.

¿Qué caso te ha impactado más?
Todos, hasta el último, pero siempre recuerdo el caso de Roberto Mora García, director editorial del periódico El Mañana, asesinado el 19 de marzo de 2004 en Tamaulipas. A puñaladas, a la entrada de su domicilio, cuando llegaba del periódico. Detuvieron a dos personas, una pareja de homosexuales, y se hizo aparentar el asunto como un caso pasional. Y descubrimos que no lo mataron por ser homosexual, sino por el ejercicio de su trabajo, porque estaba investigando algo que ya no pudo publicar, y lo podemos decir con pruebas: los vínculos de una autoridad –creo que un comandante–, con el crimen organizado.

¿Qué medidas concretas proponen ustedes para proteger a los periodistas?
Antes que nada, los periodistas debemos tomar muy en serio las amenazas. Gran parte de los periodistas asesinados habían sido amenazados previamente. No podemos ignorar ninguna llamada, ningún anónimo, aunque nos acusen de paranoicos, vengan de donde vengan, y hay que denunciarlo ante la autoridad.

¿Están esos periodistas de estados peligrosos condenados a callar o a ser héroes?
No creo que los colegas asesinados pensaran en ser siquiera tema de discusión. Los periodistas no investigamos o publicamos ciertas cosas para ser héroes. No somos ni queremos serlo.~


(Publicado originalmente en el blog "Otras voces" de la revista Letras Libres, el 24 de agosto de 2009.)