martes, 28 de abril de 2009

Día 5. Los números. Un lío

Cinco días de "contingencia" (véase tercera acepción del drae y aplíquese con imaginación) han hecho falta para que el secretario de salud, que da dos ruedas de prensa al día y habla en los telediarios de máxima audiencia, haya dicho algo más de los muertos. Por lo pronto, corrobora las cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud, que a exagerada no la gana nadie (véanse noticias del 2005 de la gripe aviar): de los 159 muertos por neumonía atípica –una de las complicaciones en que puede derivar la nueva gripe–, siete han sido confirmados como enfermos del virus. Siete. Seis en la delegación de Tlalpan y uno en la de Magdalena Contreras, en el D.F. Ambas en el sur, dato interesante. Siguen sin decir nombres, "por respeto a la intimidad", ni perfiles (¿pobres, ricos, mediopensionistas?)

Otros diecinueve enfermos también han sido confirmados, pero se encuentran bajo control. Veintiséis en total.

Hoy dos periodistas se han hecho un lío con los números al preguntar al ministro, que a su vez tampoco maneja muy sueltamente las cifras. Ha sido triste porque no parecían becarios (el ministro incluido).

Y bueno, no hay que culparlos, porque a mí tampoco me cuadran las cifras: por el lado de la sospecha, hay casi dos mil enfermos y centenar y medio de muertos, y por el de los hechos verificados, sólo diecinueve afectados y siete muertos. O los laboratorios que analizan el virus son demasiado lentos (laboratorios yanquis, no cualquiera), o el número de afectados real va a ser mucho más bajo del que la gente teme.

O a lo mejor es que yo soy de letras...

miércoles, 25 de febrero de 2009

piscina alberca pileta

He descubierto que no sé cómo expresar lo que siento con respecto a una ciudad. Mucho menos explicar razones. En el fondo siempre me gustó Buenos Aires. ¿Más que Madrid? Quizá menos que México. Pero no sé por qué. Tengo la convicción, eso sí, de que podría vivir en cualquiera de las tres ciudades.

bolígrafo pluma birome

El caso es que fui a Buenos Aires por tercera vez después cuatro años y el viaje me produjo sentimientos encontrados. No, no y no, me decía, Buenos Aires nunca superará a México. Calles en forma de ola, pirámides desarmadas en las paredes de iglesias torcidas, mercados de colores, volcanes, terremotos. ¡A ver quién llega a la altura de esos zapatos!

coche carro auto

Llevaba en la maleta, claro, el lastre de dos lejanos años de convivencia con Buenos Aires en mi propia casa, con todos los inconvenientes que ello conlleva pero sin muchas de sus ventajas. Ay, el chanta, el desprecio profundo por el propio país y a la vez la presunción de ser parisino en América. Y ese acentito que me ponía de los putos nervios. Lastre, puro lastre.

camiseta playera remera

De pronto, el calor. Un calor húmedo como el de Barcelona o Sevilla. Un calor de verano infinito, tierra prometida de la infancia. Niños jugando en la noche. Gente en los cafés hasta las dos de la mañana. Tirantes y pantalones cortos. Carne invitando al sudor. Así fue la primera vez que visité Buenos Aires. Y recordé cómo ya entonces deseé descubrirla sola.

hola buenos días buen día

No, no existe en México cafés hasta las dos de la mañana, ni calles en las que los niños jueguen las noches de verano. Por no existir, no existe ni el verano: es temporada de lluvias. Para qué hablar de la carne invitando al sudor...

follar coger cojer

"Hola, ¿Shaisa?, ¿qué tal? Esequiel, bienvenidos". ¿Qué es esa aparición de los cielos que me llama por mi nombre? Rubioojosmieljovencito. Me gusta. Y el que toca el bongó en la banda callejera de Florida también. Morenoojosdemoroyrizos. Y el que lee el periódico en la pizzería. Rubioojosazulesybarbillaenángulos. Y el librero, morenazocongafas. Y el castaño con el que casi tropiezo y me provoca un infarto. De lo guapo. ¿Mi vida, mi amor? Conmigo, disfrutando por su parte de la carne invitando etcétera. Él prefiere las morochas (la sangre italiana, que siempre le ha tirado).

bragas trusas bombachas

Porque hay que ver lo hermosas que son las mujeres argentinas. Por qué se empeñarán en ir de uniforme.

autobús camión colectivo

Pensamientos homicidas yendo en el 152 de La Boca a Recoleta. Siento unos deseos irrefrenables de agarrar uno por uno a todos los peseros y combis de la ciudad de México, ponerlos en filita con un moño rosa y arrasarlos con napalm. No es excusa que el transporte sea privado. En Buenos Aires las paradas están marcadas con postes y hasta venden un plano-guía con todas las rutas. Y en caso de preferir el taxi, no hay que estar escudriñando minuciosamente pintura-placas-licencia por si estás cayendo en manos de un delincuente.

acera banqueta vereda

Las palabras. Eso es. Mi íntima familiaridad con los tres lugares. Mientras decidimos dónde acabar o no, voy engordando con palabras que a veces adquieren resonancias mágicas la vaca de mi lengua.

vale sale dale

¡Vaca india, que nadie me la sacrifique!

***

(Fe de erratas, cortesías de Feliciano Tisera y de un anónimo)

lunes, 22 de diciembre de 2008

como el año que fue

Estoy a punto de tirar este tarrito Rogé Cavaillès. Huelo los restos y estoy en París. Lo compré al llegar porque las normas aeroportuarias europeas impiden subir a bordo líquidos y cremas que superen bla bla bla. Fue el miércoles 2 de julio, en una farmacia de la rue St. Antoine, justo donde se convierte en la rue Rivoli, en la placita donde está la estación de metro de St. Paul. Este tarrito que estoy a punto de tirar vino conmigo a la Place des Vosgues, a la Île de St. Louis, a Notre Dame, a cenar crêpes en en Faubourg St. Antoine, a desayunar en la Place de la Bastille, a la casi vacía St. Severin, a la casi llena St. Germain des Prés, al Museo Cluny, a almorzar a los Jardines del Luxemburgo, a pasear en Batobus, a ver de noche la Olimpia de Manet y a comer faláfel en Le Marais, a conocer el Jardin des Plantes y la Grande Gallerie de l'Évolution, al exquisito y moderno Museo Guémain de arte oriental y al horrendo y posmoderno Musée du Quai Branly, a ver la Torre Eiffel como la vio Hitler, cautiva y desarmada desde Trocadero, y a descansar bajo su sombra en el Campo de Marte, a pasear la rue de l'Université, donde vive Jorge Semprún, y a cenar ostras con champán con Félix Romeo y Lina Vila en La Coupole, a visitar el Museo Rodin y a saludar mi placa favorita en la Place Vauban, a recorrer todos los Campos Elíseos y a leer junto a la fuente del jardín del Palais Royal, a disfrutar el Museo Carnavalet y comprar libros en los bouquinistes, a cenar en un vietnamita, a emborracharme con Calvados y llorar sola, a saludar a los caídos en la segunda guerra mundial, ver la ciudad desde el Sacre Coeur y decirle adiós con el cuscús de Chez Omar, donde nos llevaron Lina y Félix.

Hago una lista como quien reza un mantra, a modo de ínfimo homenaje a la belleza de esos días. Una belleza que no impidió, sin embargo, sentirme triste como nunca en mi vida. Un nunca al que espero volver. Ahora que estoy a punto de tirar este tarrito de Rogé Cavaillès...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

nuevo eufemismo

A falta de certezas sobre "accidente" o "atentado", voilà

AVIONAZO

Lo llamábamos pacto por no llamarlo amor, dice un personaje de Carlos Franz...

martes, 4 de noviembre de 2008

cuando las elecciones en Estados Unidos dejaron de ser la noticia

Obama es presidente, pero por aquí no hay muchos motivos de alegría.

Hace tres horas se estrelló en plena ciudad (Periférico y Reforma) el avión ligero en el que iba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Por su cartera, es nuestro Rubalcaba; por sus funciones, el político más importante después del presidente de la República. Puesto que se encarga de la lucha contra el narcotráfico, es inevitable que todo el mundo esté desconfiando de la versión que se tienen de los hechos hasta ahora: "es un accidente".

Y todo el mundo incluye al presidente, Felipe Calderón, de cuyo pésame público destacan algunos detalles:
1. Su hincapié en la lucha contra el crimen que ha llevado a cabo Mouriño.
2. Sus ánimos a la población de no desfallecer ante las eventualidades y el llamado a su gabinete a "redoblar esfuerzos" en la lucha por un país mejor.
3. La ausencia de la palabra "accidente".

Sea como fuere, ha muerto un hombre joven (37 años), con mujer y tres hijos pequeños, que desempeñaba quizá el trabajo más difícil en este país. Sólo eso empaña la victoria del resplandeciente (y necesario) Barack Obama. La sospecha de terrorismo alarga aún más la sombra de los pensamientos.

sábado, 25 de octubre de 2008

Rob y Kirsten

Una termina de leer Nobleza de espíritu. Una idea olvidada (DGE Equilibrista) y siente lo que al cerrar Terre des hommes, de Antoine de Saint-Exupéry: una punzada de dolor por la general indolencia del ser humano y otra de alegría por descubrir que no todo está perdido. También una enorme simpatía hacia su autor, Rob Riemen: ¿quién es este señor que tan joven es capaz de guiar en la oscuridad como un anciano faro de isla mediterránea? Da en el clavo de nuestros males. Se bate sin arredro junto a grandes nombres cada día más olvidados –Thomas Mann, Spinoza, Platón, Albert Camus, Leone Ginzburg– contra los predicadores del nada es y el todo vale, con el loco Nietszche a la cabeza. Es, en suma, un bastión de la cultura europea destruida con ahínco entre el 14 y el 45.

Pues bien, aquí estuvo toda la semana el bastión junto a su brillantísima mujer, Kirsten Walgreen, que vendría a ser sus cañones. Con ella fundó el Nexus Instituut de Tilburg, en los Países Bajos, cuando ambos eran jóvenes de insulto (ella veinticuatro, él nueve años más), y desde entonces, hace ya casi tres lustros, han sido capaces de convocar cada año a los principales intelectuales del mundo –Elisabeth Mann Borgese, George Steiner, Mario Vargas Llosa, Francis Fukuyama, Sonia Gandhi, Ian McEwan...– ¿a qué?, a conversar y confrontarse a la manera mayéutica, a mantener encendida la vela de los valores universales y de la cultura por encima de todo.

Conocerlos es volver a creer. Son divertidos, entusiastas y extraordinariamente generosos. Son, digo con orgullo, nuestros nuevos amigos.

viernes, 10 de octubre de 2008

me duele, mucho, y qué

Dos cositas sobre el dolor y sobre mí:

Una: no lo soporto. Y reflexiono. "Eres muy fuerte", dicen. Mentira. Lloro, pataleo y me muerdo el labio cuando me duele. Aguanto porque no me queda más remedio. Y no me mande Dios lo que soy capaz de aguantar, como dice la madre de la sabia Carolina Maqueda. Reflexiono más, quizá exagerando: yo, puesta en una situación de la que salen sólo los salvados (hora de leer a Primo Levi si no lo han hecho ya), sería una hundida.

Dos: está muy idealizado. "Ay, ay, cómo sufría Frida Kahlo y qué bien le salían las pinturas sublimando el dolor". Mentira. No soy quién para decir si el arte de Frida es bueno, malo o regular. Sólo diré que lo suyo más bien parece un versillo de la Martirio: "que yo voy al trabajo a reírme y a descansar". Ocupada en un quehacer, una piensa menos en otras cosas. Renuncio a la creatividad si está unida al dolor, igual que si está unida al abismo y la oscuridad de las drogas duras. Y mira, de hecho las drogas, ¡para que me quiten los dolores!

(A todo esto, truenan las campanas del fin del mundo. Anda, anda, que Bush va a salir en hombros por la puerta grande del infierno...)