sábado, 7 de abril de 2007

gripe II

Me duele desde el dedo chico del pie izquierdo hasta el último pelo de la cabeza. Ando y parece que mis pies arrastran veinte kilos más, que un enano se me ha subido a los hombros, que me está creciendo un globo en el cerebro. Y odio estar acostada: tengo pesadillas y creo que me voy a volver sábana.

Xochimilco habrá de esperar de nuevo: no tengo el cuerpo para barquitos de colores.

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Y esta debilidad insoportable. Esta vulnerabilidad que no encuentra más que sopa para uno y un abrazo recalentado de carne asada y papitas al horno. Nada nuevo: todos estamos solos.

viernes, 6 de abril de 2007

gripe

No le echaré la culpa a Xochimilco: más bien fue el aire acondicionado encima de mi cabeza cuando fuimos a jugar a los bolos. Me tomaré una medicina mágica (gringa), dormiré, y mañana contaré lo que fue Xochimilco. Prepárense y ríanse a la altura de la India.

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Apunte de Ricardo Cayuela Gally:

"Sus padres eran tan pobres que se ahorraban los billetes de tranvía y recorrían barrios elegantes y barrios pobres a pie en incansables recoridos puerta a puerta con grandes hatillos a la espalda. Ese recuerdo me convenció muy pronto de que el uso del metro es un placer de ricos".

Una rabieta infantil, André Gluksmann

jueves, 5 de abril de 2007

en el metro

Alguna madre mexicana me ha dicho alguna vez que llevó una vez a sus hijos al metro "para que conocieran". El metro como lugar exótico al que ir de excursión. Y no tiene nada de especial: los rostros hasta se uniformizan, como si viajar bajo tierra nos pusiera a todos la misma cara. A mí el metro me encanta, el metro y sus viajeros dormitando, sus vendedores ("a diez pesos le cuesta, a diez pesos le valeee") y sus cantantes. En México, en Pekín, en Calcuta, el metro es civilización. En Madrid... la correspondencia me hace dudarlo:

Carta de Virginia:

Querida Yaiza:

Me acuerdo mucho de ti cuando paseo mi somnolencia en el metro, ese crisol de situaciones esperpénticas que me sugiere las más variopintas reflexiones. Ese tipo de cavilaciones que, obviamente, te contaría a ti tomando un cafetito. Sólo tú comprenderías mi alarma ante los pequeños síntomas que nos advierten de que nuestra sociedad está enfermando…

- Y violaron a 15 mujeresh, tronco… Ahí, entre Hortaleza y… ¡joder! cómo she llama la plaza eshta…
- Detrás de Gran Vía.
- Sí, tío. Unos panchitos, llegaron y violaron a 15 mujeresh…

(Un hombre de unos treinta y cinco años habla –grita- con otro en el metro. Es del tipo caucásico y parece que acaba de salir del mundo de las drogas o del alcohol, voto por lo primero. Está avejentado y estropeado, ese típico aspecto de los que han coqueteado con la heroína. Su interlocutor es un hombre maduro, moreno, de clase media).

Exaltado, prosigue su feroz discurso contra los emigrantes procedentes de Hispanoamérica:

-Yo te digo que no shon trigo limpio colega, que vienen aquí y nos roban y nos violan a nueshtras chicas… ¡Y lo que me jode tío esh que encima me miran mal!

(En mi mente comienza la letanía que calma mi frustración en estas ocasiones. Como un rezo, repito mentalmente:
Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada
porque no era comunista)

Señala bruscamente a la puerta que se cierra. Fuera, dos ecuatorianos están sentados en un banco del andén, tirados tras una larga jornada de trabajo, probablemente bebidos:

-¡Como eshos!, ¿los ves? Ahí tiradosh, borrachosh. Porque llegan aquí y she emborrachan y violan a nuestras chicash. Pocosh son los panchitos que vienen aquí a trabajar…

(…Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.)

- Por que yo shoy español, ¿no?, y esho hay que tenerlo en cuenta, tío.

(Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista)

Llegó su parada y se bajaron. Pero yo seguí recitando la shura conjuradora del racismo:

(Y después vinieron por los panchitos,
Pero yo no dije nada, porque era español.
Y más tarde me llevaron por drogata,
Pero nadie en el vagón dijo ¡basta!)

miércoles, 4 de abril de 2007

préstamo de P. Guerra para otro cuento

y tiene mi edad
y el color de mi voz,
tan cerca de mí,
que podría ser yo

***

Nada más que un ataque furibundo de melancolía e inseguridad.
Y "ná es eterno", como cantaba el de la Isla.

martes, 3 de abril de 2007

La vida de los otros

RCG asevera que es Beethoven, el arte, la belleza, lo que quiebra al agente Hauptmann Gerd Wiesler y le empuja a proteger al escritor Georg Dreyman. Yo apunto, testarudamente, a momentos clave anteriores que van minando el puño de hierro del loco Wiesler, si bien culminan, efectivamente, con la Sonata para un hombre bueno.
A saber:

- El juego macabro e hipócrita de su colega Grubitz con el estudiante que osa inocentemente hacer un chiste sobre el presidente.
- El descubrimiento del chantaje repugnante del ministro a la novia de Dreyman, Christa-Maria.
- La conciencia del perdón, del amor, cuando Dreyman se entera y lo único que hace es abrazarla.
- La soledad mísera tras la cabalgada fugaz de la prostituta.

Dreyman es un oportunista ejemplar, pero es una buena persona. Wiesler, tan oportunista como él, sólo es malo, como le recuerda el niño del vecino en el ascensor (ya roto, "¿y cómo se llama tu balón?"). Wiesler quiere ser Dreyman. Dreyman cobarde -exitoso escritor del régimen, novio de Christa-Maria-sin-aristas, espectacularmente atractivo-, y Dreyman valiente, denunciante de los suicidios acallados en la RDA. Y lo salva. Y trata de proteger a Christa-Maria. Y hasta es escritor: "el camarada Lenin está acorralado..."

¿Que no la habéis visto?

Coda:
1984 (Orwell acertó hasta en la fantasía). Ya sabíamos leer. Veíamos La bola de cristal. Felipe vendía con éxito el cuento español a la teta Europa. Ayer. Ayer mismito en lo que hoy es el corazón del continente.

lunes, 2 de abril de 2007

extranjera

Dos horas de espera en el Instituto Nacional de Migración (el licenciado con el que me han citado a partir de las 9:00 no ha llegado a las 10:30) dan de sí como para comprobar que siempre es más fácil si contratas a un abogado (se pasan el día allí, se conocen todos) y que el nivel de dificultad de un extranjero para quedarse en un país se mide por la cantidad de veces que va al baño antes de pasar a un mostrador.

- No, señorita, todo está bien, lo único es de que necesitamos una carta en la que conste que usted continúa trabajando como docente.
- Pero no estaba en los requisitos que me pidieron.
- No, señorita, es un fallo de aquí de Migración, pero para eso vamos a solucionarlo ahorita mismo, con una carta manuscrita.

Para dentro de diez días. 240 horas, 14.400 minutos, 864.000 preciosos segundos más de mi vida.

"Si fueras boliviana en España, lo pasarías muchísimo peor".
Y el comentario juicioso y certero me espanta la soberbia.

domingo, 1 de abril de 2007

noche de perros

Una se replantea profunda, seria, concienzudamente, la vida bucólica de fin de semana -calandrias, mariposas, conejitos, tejones- cuando de noche en la habitación acechan tres -¡tres!- alacranes, hace cuarenta grados y afuera el perro Mordelón no para de ladrar estúpidamente a la luna casi llena.
Así, no hay cuerpo para prestar atención a los peldaños volcánicos que suben al Tepozteco -según la leyenda, guerreros encantados que un día despertarán- ni a las historias de don Lázaro, descendiente de revolucionarios nahuas, ex guerrillero y militante ecologista de Tepoztlán.